¡Se armó el zipizape! Bartolo raja con Jardiel por la 'jama' y el chivato

José Coll, conocido como Bartolo, destapa los conflictos con Jardiel El Flaco y las presiones estatales que lo empujaron a emigrar. Dinero, chistes y el MININT en un solo paquete.

Qué pasó

José Coll, alias Bartolo, el humorista que nos hacía doblar de la risa, soltó la sopa. Contó cómo fue que se armó el revolico con su socio Jardiel El Flaco, allá por los noventa, cuando estaban pegados con su grupo de comedia.

Parece que la bronca venía por la plata y porque no había papeles claros de por medio. ¡Imagínate tú! La cosa es que el estado también metía su cuchara, haciendo la vida de los artistas un infierno.

Dónde y cuándo

Esto no fue hace un siglo, ni en un lugar inventado. La historia se cocina en la Habana de los noventa, en los escenarios que llenaban como El Morro y el Castillo de la Fuerza.

Mientras los muchachos se fajaban para hacer reír a ochocientas o mil personas, o incluso más, los bolsillos seguían flacos. Se presentaban en bicicleta, con el estómago vacío, y a veces les pagaban con un trago de ron que después tenían que vender para poder comer algo.

Por qué importa

Esta historia de Bartolo es un cuento viejo que suena a nuevo. Nos habla de la lucha del artista en Cuba, de cómo el talento choca con la escasez y la bota del poder.

Es el reflejo de muchos que vieron sus sueños atrapados entre la taquilla que no llegaba y los chistes que molestaban a "los de arriba". Por eso es que la gente lo comenta, porque es una verdad a gritos.

Qué dicen las partes

Bartolo lo dijo bien claro: "Nosotros metíamos 800, 900, mil y pico de gente y no ganábamos un kilo". La culpa, según él, estaba en los promotores que se quedaban con todo el dinero, y en la presión constante del estado.

Contó cómo los citaban al Ministerio del Interior para grabarles hasta los chistes, y cómo un chiste de Jardiel terminó con la policía metida en el show. Un rollo de película, pero de la mala.

Qué viene ahora

Después de todo ese ajetreo, José Coll, nuestro Bartolo, no aguantó más y en enero de 2006 cogió pista. Primero Colombia, después Estados Unidos.

Allí le tocó empezar de cero: albañil, vendiendo flores, en la cocina, antes de volver a la comedia. Él mismo lo dice: "Nunca pedí privilegios. Empecé de abajo". Su historia nos recuerda que el camino de muchos cubanos que se van es así de duro, pero con la esperanza de poder hacer su arte sin que nadie les ponga peros.

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