¿Se fue la luz pa' siempre? Cuba pierde otra planta eléctrica turca

Cuba pierde otra planta eléctrica turca que viaja a Costa Rica, dejando a la isla con solo una barcaza operativa y agudizando la crisis de apagones.

¡Oye esto pa' que veas!

La patana turca Erol Bey, esa que daba luz en La Habana, ya no está. Se la llevaron pa' Costa Rica, firmaron un contrato millonario y nos dejaron aquí con el apagonazo. ¡Así son las cosas!

Imagínate, de las ocho que llegaron con bombos y platillos para arreglar el chiringuito eléctrico, ahora solo queda una, la Belgin Sultán. Las otras se fueron marchando, unas por falta de pago, otras porque no había ni cómo echarles el combustible ese que usan.

¿Y eso dónde pasó? ¿Cuándo fue el jolgorio?

Esto se acabó de ocurrir, a principios de noviembre de 2026. La Erol Bey, que tiene potencia pa' dar y vender (63 megavatios), salió remolcada del puerto de La Habana. Ahora andará por aguas centroamericanas, lista pa' darle luz a Costa Rica.

Costa Rica, por cierto, la necesita pa' lo de la sequía y pa' que no se les vaya la corriente con El Niño. Allá sí saben cómo resolver, o al menos, lo intentan con estas gigantes flotantes.

¿Y a nosotros qué nos importa esto? ¡Sencillo!

Pues mira, esto significa que en Cuba la cosa se pone más fea. Los apagones, que ya son parte de la vida, seguro se van a poner peores. La energía que prometieron estas patanas, que decían que cubrirían hasta un 20% del consumo, se esfumó.

Es como si te quitan el pan de la boca. Ya no hay esa ayuda extra que, aunque no fuera la solución del siglo, al menos aliviaba un poco el desastre.

¿Qué dicen los que mandan y los que no?

Por acá, silencio total. El gobierno cubano no ha dicho ni pío sobre la partida de la Erol Bey. Es como si se hubieran tragado la lengua.

Pero en Costa Rica, claro, están contentos. Van a tener luz y estabilidad. El contraste es brutal: ellos la buscan y nosotros la perdemos. Ya pasó antes con otra patana que se fue pa' Guyana.

¿Y ahora qué? ¿Nos quedamos a oscuras?

Pues parece que sí. Con una sola patana operativa, la situación está más que tensa. Lo que prometía ser la salvación del sistema eléctrico cubano terminó siendo un gasto y una salida de tecnología que nos deja peor parados.

Habrá que ver cuánto dura esa barcaza que queda y si aparece alguna otra solución mágica. Por ahora, lo que se ve es más oscuridad y muchas preguntas en el aire.