¡Le dan un palo a un campesino en Santiago y culpa a los que no son Fidel!
Campesino de Santiago de Cuba sufre asalto a mano armada y culpa a las autoridades, apelando al legado de Fidel Castro.
¡Oye esto pa’ que veas la cosa!
Resulta que en Songo-La Maya, Santiago de Cuba, un campesino está que no cabe en su pellejo. Le cayeron a palos unos maleantes armados con pistolas, ¡y le dejaron la pierna marcada! Queriendo robarle los animales, los tipos entraron a la finca como si fuera su casa. Menos mal que un vecino se metió en el medio y los sacó un rato.
Pero la cosa no paró ahí. ¡Volvieron al ratico! Esta vez, para rematar, les cayeron a los perros que cuidaban la tierra. El cuento es que el dueño y otro que estaba con él, ¡también raspados!, lograron avisar a la gente del barrio. Los vecinos, que son de los valientes, se botaron y fueron a ver qué pasaba, y al final, ¡los ladrones tuvieron que correr de nuevo!
¿Dónde fue el bochinche y cuándo se armó?
Esto pasó en una finca en el campo de Songo-La Maya, Santiago de Cuba. Fue de noche, a eso de la medianoche, cuando la cosa está más tranquila pa’ los vivos. El calorcito apretaba y el ruido de los perros ladrando rompió la calma. El ambiente se puso tenso cuando las pistolas aparecieron en escena, y la tensión siguió alta cuando los delincuentes regresaron.
¿Y a quién le cae esto encima?
Pues mire usted, el pobre hombre dice que ya no aguanta más. Tiene que vender los animales y hasta dejar su casa porque los malandrines no lo dejan en paz. Y lo peor es que no es solo él, ¡a todos los vecinos los tienen hartos! Dice que sin animales no se puede trabajar la tierra y que por eso hay que irse.
Esto pone a pensar a cualquiera sobre cómo está la seguridad en el campo cubano. Los robos de ganado y otros delitos tienen a todos con el Jesús en la boca. La gente que vive de la tierra está asustada y preocupada por lo que pueda pasarle.
¿Qué dice la gente en los titulares?
El campesino, con la voz quebrada, le está pidiendo ayuda a los de arriba, a los que mandan. Dice que ellos son los que tienen que ver con que la cosa esté así de fea y que la delincuencia crezca. Hasta se acordó de Fidel, pidiendo que los dirigentes se acuerden de él y de las ideas que tenía para cuidar a la gente del campo.
Por un lado, los campesinos denuncian que los robos son el pan de cada día. Por otro, las autoridades a veces no dan la cara o no resuelven el problema. Es un tira y jala que deja a la gente con el alma en un hilo.
¿Y ahora qué?
Pues el panorama no se ve muy claro. Con los delincuentes actuando con esa libertad y los productores sintiéndose desamparados, uno se pregunta qué va a pasar. ¿Seguirán los robos? ¿Se irá más gente del campo? Hay que ver qué medidas toman las autoridades, si es que toman alguna, para calmar esta situación.
Lo que sí está claro es que la gente está pidiendo un cambio y que se pongan las pilas para resolver estos problemas. Si no, la tierra se va a quedar vacía y los animales pastando solos.