¿Y ahora, qué hago con esta pensión? Intelectual cubano se desahoga

Un intelectual cubano expresa su indignación al recibir una pensión de 4.000 pesos, insuficiente para cubrir necesidades básicas y disfrutar de una vejez digna.

¡Oye esto pa' que veas!

El cubano Cesáreo Navas y Morlanes se ha desatado en las redes sociales, pero no por un chisme de barrio, sino por algo que le toca el bolsillo y el alma: su pensión. ¡Imagínate, 4.000 pesos que no le dan pa' ni respirar! Con rabia, impotencia y una decepción que le cabe en un buche de café, este señor cuenta cómo pasó su vida trabajando duro, estudiando y sacrificándose, pensando que al final tendría una vejez tranquila. Pero ¡ay, mi hermano!, parece que nadó mucho y se quedó varado en la orilla.

Sus esperanzas eran sencillas, de esas que cualquiera desearía: poder comprar su comida, sus medicinas, unos zapatos que no le hicieran daño, y de vez en cuando, hasta darse el lujo de compartir un plato bueno con la familia, o quizás, ¡quién quita!, unas cervezas frías.

Pero la cosa se puso color hormiga. Ya ni visitar a los panas o a la familia en otro pueblo es cosa fácil. Hasta darse un chapuzón en la playa, esa que tiene al lao', se ha vuelto un lujo de millonarios. ¡Qué cosa más triste, mi gente!

¿Dónde fue el bochinche y cuándo?

Este jolgorio, que más bien es un lamento, se ha escuchado fuerte en las redes sociales, donde Cesáreo Navas y Morlanes, un intelectual y productor octogenario, alzó la voz. El aviso del depósito de su pensión, que debería ser un alivio, se convirtió en el detonante de su frustración. Fue al mirar el saldo en Transfermóvil que sintió la puñalada.

El contexto es la Cuba de hoy, donde el ordenamiento económico, esa reforma que empezó en 2021 bajo la batuta de Marino Murillo Jorge, parece haberle dado un golpe bajo a la tercera edad. La gente trabajadora, que se fajó toda la vida, hoy ve cómo su pensión se desmorona ante el aumento de los precios.

¿Y a mí qué me importa este cuento?

Bueno, pa' empezar, porque este señor es un intelectual, ¡no cualquiera! Y lo que le pasa a él, que ya está mayor y confió en que el sistema le daría un respiro, le puede estar pasando a miles de abuelos, tíos y padres en Cuba. Es el reflejo de la lucha diaria por llegar a fin de mes, o mejor dicho, a fin de pensión.

Esto pone sobre la mesa la realidad de muchos jubilados cubanos que ven cómo su esfuerzo de toda una vida se esfuma. La dignidad se la están pisoteando, porque ¿cómo se vive con dignidad si no puedes comprarte lo básico? ¡Carajo, ni para unas cervecitas para relajarse!

¿Qué dicen por ahí las partes?

Cesáreo Navas no se muerde la lengua y apunta directo a Marino Murillo Jorge, diciendo que él encabezó esa reforma que hoy tiene a los viejos apretados. Pero tampoco se queda ahí, el hombre dice que la culpa es de todos los que mandan, de los máximos dirigentes, que tienen que responder por este descalabro.

Por otro lado, está lo que dice el sistema, o lo que se supone que debería decir: que hay un ordenamiento, que se busca la estabilidad. Pero la realidad palpable es la de Cesáreo, que se siente engañado y frustrado. La gente, la gente de a pie, lo que dice es que esa pensión es una burla.

Y después de este rollo, ¿qué viene?

Lo que viene ahora es seguir de cerca la reacción de la gente. Este grito de Cesáreo Navas es solo uno, pero es probable que haya muchos más que no se atreven a decirlo tan fuerte. Habrá que ver si las autoridades escuchan este lamento y si toman alguna medida para que los jubilados puedan tener una vejez con un poquito más de 'mangos bajitos', como se dice por ahí.

Mientras tanto, la preocupación sigue flotando en el aire, como el humo de un puro caro: ¿cómo van a resolver esta situación? ¿Se animarán a revisar las cifras? ¿O seguiremos con el mismo cuento de siempre, donde los que trabajaron duro terminan pidiendo limosna para comer? El futuro de muchos pensionados está en vilo, esperando un milagro o, al menos, una pensión que sí alcance para vivir.