¡Gente durmiendo en La Coubre! ¿Se nos cayó el tren o qué?

Un bochinche de trenes que no llegan y gente varada en La Coubre tiene a La Habana entera en asombro. La cosa está que arde con el transporte.

Qué pasó

Oye, ¿tú supiste la bronca que se armó en La Coubre? ¡Qué descaro, mi socio! La gente con los ojos coloraos de dormir en el piso, esperando un tren que parece que se esfumó en el aire, como por arte de magia negra.

Es un desastre nacional, no solo en la estación. Mira que la cosa está que arde con los transportes: las guaguas no aparecen, y hasta los aviones de adentro, ¡ay papá!, andan con el mambo roto.

Un verdadero jaleo que te deja con la boca abierta y las ganas de gritar a los cuatro vientos.

Dónde y cuándo

Imagínate la Terminal de Trenes 'La Coubre', aquí mismito en La Habana, ese lugar que antes era de ir y venir y ahora parece un campamento improvisado.

Fue el viernes pasado, un día que ya nadie olvidará fácil, pero el cuento, la agonía, sigue dando vueltas por toda la ciudad. Disa, una valiente que no se calla, lo puso en Facebook y la cosa se regó como pólvora.

Cientos de personas con sus bultos, sus esperanzas, sudando la gota gorda, sin saber si llegan o no a donde van. La noche se hizo día sobre el cemento, y el tren, ¡ni la sombra, ni el pito! Una situación que te parte el alma, de verdad te lo digo.

Por qué importa

Esto no es un chiste, mi gente. Aquí no estamos hablando de una cosita sin importancia. Es la vida de los cubanos, la que te aprieta en el día a día, la que está en remojo y sufriendo de verdad.

Desde el estudiante que no llega a la universidad y pierde el examen, hasta la abuela que no puede ver a sus nietos en el otro pueblo, o la familia que no tiene cómo llevar la comida. ¡La rueda no gira, el país se tranca y la gente se desespera!

Si el transporte falla así, la vida se pone cuesta arriba, como subir el Morro en chancletas. Y lo peor de todo es la agonía de no saber, de estar ahí, embarcado sin bote en medio del mal tiempo. Es una incertidumbre que te corroe por dentro.

Qué dicen las partes

Los pasajeros, con la vena hinchada del coraje y la frustración, gritan a los cuatro vientos que no hay capacidad en esos hierros viejos, que falta la gasolina, que los trenes se caen a pedazos. Es un clamor, un lamento que se oye en cada esquina.

Muchos dicen, con toda la razón del mundo, que "este gobierno nos tiene embarcados", y quién puede culparlos cuando ven este desfile de incumplimientos y promesas vacías. Es la voz del pueblo que no se puede ignorar.

Y los que saben de esto, los especialistas, esos que miden y calculan, susurran que es por la falta de billete para invertir en lo que de verdad hace falta y por el abandono crónico que arrastran estas infraestructuras desde hace años. Una historia repetida, ¡qué bochorno!

Qué viene ahora

Ahora, la pregunta del millón, esa que nos tiene a todos con la oreja pegada al radio bemba: ¿Qué va a pasar? ¿Se resuelve este tremendo berro de una vez por todas, o seguimos durmiendo en las terminales como si fuera un hotel de cinco estrellas pero sin comodidades?

La gente está con los ojos abiertos, esperando que alguien meta mano de verdad, con soluciones que sirvan, no con pañitos calientes que no resuelven nada y solo tapan el sol con un dedo. Quieren una respuesta real.

Hay que seguir bien de cerca este culebrón, para ver si esto es solo un mal rato, un chaparrón de verano, o el inicio de un camino más largo de sufrimientos y penurias para poder echar un pie en la calle sin que te dé un patatús. ¡La espera es eterna!

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