¿El Partido Salvará a un Pueblo que se Muere de Hambre? Abuelo Cubano Le Canta las Cuarenta a Díaz-Canel

Un octogenario cubano cuestiona a Díaz-Canel sobre la crisis alimentaria y la ineficacia del partido para resolverla, pidiendo reformas reales.

¡Oye esto pa' que veas!

Imagínate la escena: un abuelo cubano, de esos con canas y con la experiencia de mil batallas en la vida, se lanza a escribirle una carta al mismísimo Díaz-Canel. Y no es cualquier cartita, ¡qué va! Es una bomba de tiempo, porque el hombre está hasta el moño de ver cómo el partido, que se supone que es la solución a todo, parece más bien parte del problema. El abuelo, Cesáreo Navas, le dice las verdades del barquero: que con discursitos y reuniones no se llena la barriga de nadie. ¡A este hombre hay que escucharlo!

¿Dónde y cuándo pasó el bochinche?

Esto se armó en Cuba, claro está. La carta de don Cesáreo se divulgó por las redes sociales, como quien grita desde el balcón para que todo el barrio se entere. El abuelo, que ya tiene sus buenos ochenta y pico de años, vio las últimas ponencias del gobierno en un programa de radio, de esos que suenan bonito pero no arreglan nada, y dijo: "¡Hasta aquí llegué!". El problema es de ahora mismo, de la vida diaria, del desabastecimiento que aprieta, de la comida que no llega y de las medicinas que son un lujo.

¿Y a quién le importa este cuento?

Pues mira, le importa a todo el que vive en Cuba y le duele ver la isla en esta situación. Le importa a los jubilados que cobran una pensión que no alcanza ni para un café con leche, a la gente enferma que no consigue sus pastillas, y a los que tienen alguna discapacidad y dependen de la ayuda que cada vez es más escasa. Don Cesáreo lo pone clarito: el partido está desconectado de la calle, de la cola del pollo, de la pelea por un pedazo de pan. ¡Esto es un llamado a que dejen la palabrería y hagan algo de verdad!

¿Qué dicen las partes en este tinglado?

Por un lado, está el abuelo Cesáreo, que dice que el partido no tiene la fórmula mágica para sacar a Cuba del hoyo. Pide que se hagan cambios de verdad, que se baje a la calle a ver cómo vive la gente, que se escuche a las organizaciones civiles y hasta a las iglesias. Por otro lado, las voces oficiales, las que salen en la radio y la televisión, reconocen que hay problemas serios de abastecimiento. ¿La culpa? Siempre la misma cantaleta: que si las sanciones de Estados Unidos, que si la economía mundial… la excusa de siempre, vamos.

¿Y ahora qué? ¿Qué se espera?

Bueno, este grito del abuelo es una señal de que la gente está harta. Lo que viene es, ojalá, que alguien se digne a escuchar de verdad. Que no se queden solo en palabras bonitas en la radio, sino que se pongan las pilas y hagan reformas profundas. Que se preocupen por la gente mayor, por los enfermos, por los más débiles. Si no se toman medidas serias, la cosa va a seguir pintando mal, y el descontento solo va a crecer. Hay que ver si este llamado de atención sirve para algo o se queda en otra anécdota más.