¿Y si le echamos la culpa a los yanquis? Española propone cacerolazo contra la Embajada de EE.UU.

Activista comunista española Ana Hurtado sugiere un cacerolazo frente a la Embajada de EE.UU. en La Habana, culpando a Washington por la crisis cubana.

Qué pasó

La española Ana Hurtado, conocida por sus posturas comunistas y su apoyo a la dictadura cubana, ha propuesto armar un buen bochinche frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana. La idea es usar cacerolas y calderos, como para darle más sazón al asunto. Esto surge en medio de un montón de quejas y malestar en la isla por los apagones, la falta de comida y la crisis económica que no da tregua.

Hurtado, que le hace coro al Gobierno cubano en sus redes, dice que los problemas no son de los de aquí, sino de Washington. Según ella, la culpa es del Tío Sam por las políticas contra Cuba.

Dónde y cuándo

La propuesta se hizo sentir en las redes sociales de Ana Hurtado, una activista española afincada en Cuba que defiende a capa y espada al gobierno de la isla. El llamado a la acción es frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, en un momento de creciente tensión social y económica en Cuba, y a pocos días del quinto aniversario de las protestas del 11 de julio de 2021.

El ambiente en la isla está caldeado, con apagones que se alargan, escasez de lo básico y la reciente polémica por la aparición de “El Cangrejo”, nieto de Fidel Castro. Es un cóctel explosivo de descontento.

Por qué importa

Esta propuesta de Hurtado es interesante porque refleja una estrategia de la narrativa oficial: desviar la atención de los problemas internos y culpar a un enemigo externo. Para muchos cubanos, que sufren día a día las consecuencias de la crisis, la explicación suena a excusa. Sin embargo, para quienes apoyan al gobierno, es una forma de mantener la “vigilancia revolucionaria” y unirse contra el supuesto “enemigo”.

Lo crucial aquí es cómo se intenta canalizar el descontento popular. En lugar de buscar soluciones a nivel nacional, se apunta con el dedo a Washington. Esto plantea la pregunta de si esta táctica servirá para calmar las aguas o si, por el contrario, avivará aún más el fuego del descontento.

Qué dicen las partes

Ana Hurtado, la impulsora de la idea, dice que confía en quienes dirigen el país, pero que hay que “explicarle a la gente lo que se hace”. Insiste en que el pueblo debe estar protegido y mantener la “vigilancia revolucionaria” contra las influencias del “enemigo”.

Ella sostiene que el socialismo se construye con crítica, y que hay cosas que cambiar, pero que el descontento debe dirigirse contra quienes apoyan las políticas de EE.UU. hacia Cuba. Básicamente, su argumento es que la responsabilidad principal no recae en los funcionarios cubanos, sino en la influencia externa que, según ella, autoriza o promueve las acciones contra la isla.

Qué viene ahora

Queda por ver si esta propuesta de cacerolazo tendrá eco en la población cubana, especialmente después de las masivas protestas del 11J. Mientras sectores opositores y defensores de derechos humanos señalan al gobierno por la crisis estructural, figuras como Hurtado mantienen su respaldo a la “Revolución cubana”, enfocando la solución en enfrentar la influencia estadounidense y fortalecer el socialismo.

La tensión sigue en el aire. Si la gente responderá a este llamado o si buscará otras vías para expresar su descontento es algo que solo el tiempo dirá. Lo cierto es que la “vigilancia” y la búsqueda de culpables externos siguen siendo temas centrales en el discurso político de la isla.