¡Candela! El que metía el dedo ahora preside el Tribunal Supremo

Oscar Silvera Martínez, con fama de tener hilo directo con la Seguridad del Estado, toma las riendas del Tribunal Supremo. ¡Prepárense para más bochinche judicial!

¡Qué Pasó con el Tribunal!

¡Ay, mi gente! Agárrense fuerte que el chisme de la semana no es de farándula, sino de toga y expediente. El pasado 23 de enero, se armó el revuelo en el Tribunal Supremo Popular, que el que antes era Ministro de Justicia, el mismísimo Oscar Silvera Martínez, se sentó en la silla caliente de la presidencia.

Este señor, que ya tiene más vueltas que un trompo en el sistema judicial, le echó el relevo a Rubén Remigio Ferro. Pero lo bueno del cuento es que Silvera Martínez no es ningún desconocido por esos lares; ya fue vicepresidente y ahora, de vuelta, pero con la batuta principal. ¡Un vaivén que ni novela!

¿Dónde, Cuándo y con Quién Fue el Bochinche?

Esto ocurrió, como les dije, el 23 de enero de este 2026, allí mismo, en los altos del Tribunal Supremo Popular de nuestra querida Cuba. El ambiente, según cuentan, no fue de fiesta precisamente, más bien de "aquí se cocina algo gordo".

El que soltó la bomba y lo propuso a la Asamblea Nacional, allá por diciembre, fue nuestro presidente Miguel Díaz-Canel. Así que, con esa bendición, Silvera Martínez, que es de Bayamo, agarró las riendas después de haber pasado por Granma, por la Dirección de Supervisión, y hasta por la oficina del propio Remigio Ferro. ¡Una carrera de escalada pura!

¿Y Por Qué Nos Importa Este Chismecito?

¡Ah, aquí está la carne del puerco! Esto no es cualquier cambio de silla. La gente que sabe de estas cosas –una magistrada, dos juezas y una abogada– ya están diciendo que no esperen milagros ni cambios de rumbo. Más bien, la cosa va a seguir el mismo camino, o peor, la justicia se va a amarrar aún más a los hilos de la política y, como quien no quiere la cosa, a los tentáculos de la Seguridad del Estado.

Imaginen ustedes: los casos que "huelen a político" pueden seguir cocinándose a fuego lento, sin pasar por los fogones normales, con aprobaciones por la izquierda y decisiones que ya vienen con receta desde arriba. Esto es como si el árbitro del juego también fuera el entrenador de uno de los equipos. ¿Ustedes creen que eso es juego limpio?

Lo que se Dice por Ahí...

La boca en la calle no para, y los que saben susurran que Silvera Martínez, cuando era vicepresidente, ya metía la cuchara en los casos políticos antes de que siquiera llegaran al tribunal. ¡Imagínense! Se hablaba de "canales especiales" y de jueces viajando para coordinar decisiones, como si fuera una reunión clandestina.

Y lo más fuerte de todo: parece que las decisiones importantes, como si aceptaban una prueba o si un juicio iba pa'lante, tenían que pasar por su filtro o el de los "hombres de inteligencia". Dicen que su relación con los oficiales del Ministerio del Interior, incluyendo a gente como Alejandro Castro Espín, fue clave para que le dieran el puesto, pasando por encima de otros juristas que, quizás, tenían más la cabeza en la ley que en la política. ¡Así es como se manejan los hilos!

¿Y Ahora Qué Viene, Papi?

Pues, mi gente, la cosa pinta clara: parece que la línea de la supervisión política en los tribunales y la conexión directa con la Seguridad del Estado en los "casos calientes" va a seguir tan firme como un roble. No esperen que de la noche a la mañana el Tribunal Supremo se ponga a bailar la conga de la independencia.

Lo que queda es seguir con los ojos bien abiertos, porque si el que tiene la justicia en sus manos tiene también el oído pegado a otros lados, la cosa puede ponerse más peliaguda. A ver cómo se desenvuelven los próximos capítulos de este drama judicial cubano.

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