¿Y ahora qué? Arzobispo le mete candela a la crisis cubana
Arzobispo de Santiago de Cuba llama a "cambiar" ante crisis, sugiriendo medidas concretas y critica la pasividad. Mensaje resuena en contexto de ayuda externa y tensiones.
¡Oye esto pa' que veas!
El arzobispo de Santiago de Cuba, ese que le pone el oído a la gente, monseñor Dionisio García Ibáñez, se fajó este domingo con un discurso que tiene a todo el mundo comentando.
Dijo claro y raspao': ¡Cuba tiene que cambiar! Y no se trata de rezar nada más, sino de mover el esqueleto y aplicar medidas concretas porque la cosa está color de hormiga.
¿Dónde fue el bochinche y cuándo?
El sermón se dio en la mismísima Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, allá en Santiago, un lugar con peso y devoción.
Fue justo el domingo, en la Solemnidad de la Ascensión, y la gente estaba reunida, esperando un consuelo, pero se llevaron una llamada de atención con sabor a realidad.
¿Y por qué este cuento importa?
Bueno, porque el arzobispo no se anda con rodeos. Señaló que no podemos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo el país se va a pique.
Esto le cae arriba a todos, desde el que no tiene corriente hasta el que busca cómo resolver la comida. Es un llamado a la acción, no a la resignación.
¿Qué dicen por ahí las partes?
Por un lado, está el mensaje del arzobispo, claro y directo. Por otro, se habla de una ayuda de 100 millones de dólares de Estados Unidos, que quieren que llegue por la Iglesia, sin meter al gobierno.
Washington y La Habana están enredados con eso; uno dice que es "fábula", otro dice que la relación con la Iglesia es buena. Y mientras tanto, la jerarquía católica en Cuba lleva tiempo diciendo que los cambios son urgentes y que el caos está a la vuelta de la esquina.
Hasta el Vaticano se metió, con un cardenal rezando por Cuba y pidiendo serenidad, desarrollo y esperanza, y defendiendo la ayuda sin política.
¿Y ahora qué se espera?
Pues mira, el aire está cargado. Se habla de diálogo, de cooperación y de ayuda humanitaria para aliviar la crisis y no pisotear la dignidad de la gente.
Lo que sí está claro es que el tema del cambio y la ayuda está sobre la mesa, y hay que ver para dónde viramos el timón.