¡Tremendo enredo! Yanqui millonario quiere meter mano en las minas cubanas de níquel y cobalto

Empresario de Texas busca controlar Sherritt International, clave en la minería cubana de níquel y cobalto, en medio de dificultades financieras y sanciones de EE.UU.

¡Oye esto pa' que veas! Parece que un tiburón de los negocios en Estados Unidos se quiere meter donde no lo llaman, o sí lo llaman pero con lío. Hablamos de Albert Huddleston, un tejano que de petróleo sabe un rato, y ahora le ha echado el ojo a una compañía canadiense que tiene un pie bien metido en Cuba: Sherritt International.

La cosa se pone sabrosa porque este señor Huddleston, a través de su firma Chota Capital, no viene solo. Viene en un combo, un consorcio, que quiere ponerle capital nuevo a Sherritt para, ojo, tomar el control. Y no es poca cosa, porque Sherritt anda metida en la miel de los minerales que valen oro: níquel y cobalto, ¡de los que hay en Cuba!

¿Dónde es el bochinche?

El meollo del asunto está en Moa, allá en la provincia de Holguín, en Cuba. Ahí Sherritt tiene una tajada del 50% en una empresa mixta con la General Nickel Company de Cuba. Sacan níquel y cobalto, lo procesan, lo refinan... vamos, que tienen el oro negro y el azul en sus manos.

Pero la cosa no está pintando bonito para Sherritt. Después de que Estados Unidos apretó las tuercas con las sanciones en mayo de 2026, la empresa tuvo que parar su participación directa en Cuba. Y como si fuera poco, la falta de materia prima, ¡zas!, paró también la refinería que tienen allá en Canadá, en Fort Saskatchewan.

¿Por qué se habla tanto de esto?

Porque de tomar el control este consorcio, con Huddleston al frente y con el respaldo de gigantes como Glencore, podría cambiar el panorama para la minería en Cuba. Estos minerales son de los llamados estratégicos, ¡valen un dineral y son clave para un montón de industrias, desde baterías hasta aleaciones de alta tecnología!

Además, hay otra oferta sobre la mesa, de un tal Gillon Capital, con un tal Ray Washburne, que parece que trabajó en la época de Donald Trump. Así que la cosa está que arde, con varios queriendo quedarse con el pastel.

¿Qué dicen las partes?

Sherritt, la empresa canadiense, ha dicho que sí, que le llegó la propuesta del combo de Glencore y Huddleston. Pero ojo, dice que es una oferta que no ata a nadie todavía, que le faltan un montón de cosas y que, por ahora, no se puede hacer nada. El consejo de administración anda dándole vueltas a qué hacer para salvar la nave que parece que hace agua por todos lados.

Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos, con sus sanciones, pone el ambiente más picante. La jugada de Huddleston y su gente es arriesgada, pero si sale bien, podrían tener un filón de oro en las manos.

¿Y ahora qué se espera?

Pues mire usted, lo que se espera es que la cosa siga enredándose. El consorcio de Huddleston tiene que mover ficha para convencer a todos, y los reguladores de Estados Unidos van a estar con el ojo puesto en cada movimiento, porque de por medio hay intereses estratégicos importantes.

Si la oferta se concreta, podría significar un nuevo capítulo para Sherritt y, quién sabe, tal vez un cambio en cómo se manejan los recursos minerales estratégicos en la isla. Hay que seguirle la pista a este chisme, porque parece que va para largo y con mucho drama.