¿Y tú le das serenata a un oso polar? ¡Tremenda multa te dan!

Un turista en Noruega pagó 5.300 dólares por despertar a un oso polar con la sirena de un barco, violando las estrictas leyes de protección animal del Ártico.

¡Tremendo bochinche en Noruega!

Oye esto pa' que veas lo que es meter la pata con la fauna del Ártico. Un turista, de esos que viajan pa' ver de todo, se le ocurrió la brillante idea de despertar a un oso polar con la sirena de un barco. ¡Imagínate tú!

El suceso ocurrió hace poco, a principios de agosto, en las costas de Svalbard, ese archipiélago noruego allá arriba, pegado al Polo Norte. Un transbordador estaba navegando y la gente vio un oso polar echao' a dormir en la orilla. Pues a uno se le fue la cabeza y le dio al botón de la sirena marítima.

El lugar y el momento del desorden

Fue en un fiordo de Svalbard, un sitio que parece sacado de otro mundo. El sol brillaba (o no, porque allá arriba el sol hace lo suyo) y el oso, pobre animal, estaba disfrutando de su descanso. De momento, ¡BUM! El estruendo de la sirena lo puso en guardia.

El oso se levantó, movió la cabeza y, supongo que con más estrés que ganas, se fue a buscar otro sitio más tranquilo. Todo esto, claro, delante de un montón de turistas con cámaras en mano.

¿Y por qué importa esta locura?

Esto importa porque el oso polar es una especie protegida, ¡y de las serias! Las autoridades de Svalbard, que se toman esto muy en serio, determinaron que fue una perturbación intencional y totalmente innecesaria. El responsables aceptó la sanción, que no fue poca cosa: ¡50.000 coronas noruegas, que son como 5.300 dólares!

Es que en Svalbard hay unas normas bien estrictas pa' no molestar a los animales. Tienen prohibido acercarse demasiado, sobre todo en ciertas épocas del año cuando los animales están más sensibles, por ejemplo, reproduciéndose o criando.

Lo que dicen los afectados y los que ponen la ley

Por un lado, el turista, que reconoció la falta y pagó los dólares. Se ve que entendió el mensaje, o al menos el bolsillo.

Por el otro, las autoridades de Svalbard, que no se andan con chiquitas. Las leyes allí buscan que la presencia humana no cambie el comportamiento natural de los osos. Nada de interferir con su comida, su descanso o su reproducción. Por eso, la multa es un toque de atención, y de los gordos.

¿Y ahora qué? El futuro de los osos y los turistas

Pues ahora lo que queda es que los turistas se porten bien y respeten la naturaleza ártica. Los osos polares ya tienen suficientes problemas con el cambio climático y la desaparición del hielo, como pa' que encima vengan humanos a darles más dolores de cabeza.

La esperanza es que estos sustos sirvan de lección. Que la gente entienda que viajar al Ártico es un privilegio, y que ese privilegio viene con la responsabilidad de cuidar un ecosistema frágil y a sus habitantes, como los majestuosos osos polares.