¿Qué fue ese bochinche de tambores para Oyá en El Mejunje?
Ceremonia religiosa en Santa Clara honra a Oyá con tambores y cantos afrocubanos, organizada por la Asociación Cultural Yoruba de Cuba.
¡Oye esto pa' que tú veas!
En Santa Clara se armó un bochinche bueno, pero de los buenos, de los que tienen alma y sabor. Se le hizo un tamborazo a Oyá, esa deidad yoruba que es puro viento, tempestad y transformación, la que te dice que la vida y la muerte son un baile. ¡Una cosa seria, pero con el corazón en la mano!
Todo este jolgorio espiritual lo organizó la gente de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, que no se quedan quietos. La presidencia, con el Awo Roberto F. Díaz al frente, y con el Awo Vladimir Pérez y la Iyalosha Rafaela Puri bien metidos en el asunto, se fajaron pa' que saliera bien.
¿Dónde y cuándo fue el mambo?
Esto pasó en la ciudad de Santa Clara, allá en Villa Clara, un domingo 26 de abril de 2026. Imagínate el ambiente: los tambores retumbando, los cantos subiendo al cielo, y la gente con una fe que movía montañas.
El sitio escogido fue el Centro Cultural “El Mejunje”, ese lugar que siempre está abierto a todo tipo de arte y expresiones. Bajo la dirección de Ramón Silverio, se convirtió en el escenario perfecto para que las raíces afrocubanas se sintieran vivas y coleando.
Y a ti, ¿por qué te importa este toque?
Esto importa porque es la muestra de que las tradiciones no se mueren. Es el legado yoruba que sigue respirando en Cuba, que se mantiene vivo en la cultura del país. Es ver la fuerza de Oyá, que cuida los cementerios y marca el cambio, una guerrera que representa la fuerza y la justicia.
Al final, es reafirmar que la fe y la cultura se juntan pa' crear algo hermoso, algo que une a la gente y los hace sentirse parte de algo más grande.
¿Qué decían los que estaban allí?
Pues, mira, lo que se sentía era respeto, devoción y mucha comunidad. Los que asistieron estaban allí pa' honrar a Oyá, pa' pedirle sus bendiciones y pa' que la transformación que ella representa siguiera su curso.
Había practicantes, creyentes, y gente que simplemente fue a sentir la energía de ese toque. Todos unidos en un ambiente de recogimiento, pero también de celebración. Era como si los tambores les hablaran directo al alma.
¿Y ahora qué? ¿Qué se espera?
Pues se espera que estas ceremonias sigan ocurriendo, que la tradición se siga pasando de generación en generación. Que el legado de Oyá y de la cultura yoruba siga presente en Cuba.
Hay que estar atentos a las próximas actividades que organicen la Asociación Cultural Yoruba de Cuba y los colectivos de Villa Clara. Porque mantener viva esta cultura es tarea de todos, pa' que no se pierda en el tiempo.