¿Y ahora quién podrá ayudarnos? Sor Nadieska le pone el cascabel al gato sobre la miseria en Cuba

Sor Nadieska Almeida denuncia la grave escasez, la falta de respuestas oficiales y la intimidación en Cuba, reclamando el derecho a la dignidad y la esperanza.

¡Qué cosa es esto!

Oye pa' que sepas, la cosa en Cuba está más caliente que el sol de agosto, y no es pa' fiesta. La hermana Nadieska Almeida, que es de las Hijas de la Caridad y tiene más calle que cemento, se fajó y le puso el dedo en la llaga a la situación.

Dijo que el pueblo está sufriendo un montón. Que la comida no aparece, el agua es un tesoro y los apagones te dejan a oscuras y de mal humor. Y lo peor es que las autoridades, parece, no se dan por enterada.

¿Dónde y cuándo pasó este bochinche?

La hermana Nadieska ha estado viendo y viviendo todo esto en Cuba, en su día a día, y no se aguantó más. Salió con un mensaje que parece sacado de un drama tropical, pero con la cruda realidad de la isla.

Ella misma confiesa que ha pasado noches sin dormir, con esa angustia que te aprieta el pecho, por ver cómo la gente lucha para conseguir lo más básico. Es un sufrimiento que nace de las ganas de que todos vivan decentemente.

¿Y a mí qué me importa todo este rollo?

Porque esta vaina no es normal, mi hermano. Que para comer haya que hacer milagros y el agua sea un lujo, eso no puede ser la vida. Estamos aquí arrastrando el día a día, como dice ella, y eso mata el alma.

Además, la cosa va más allá de la falta de cosas. Hay miedo en el aire, y el que reclama, a veces, se lleva amenazas o le mandan a decir cosas por otros. La hermana Nadieska denunció esa intimidación que pone a temblar a cualquiera.

¿Qué dicen los que están metidos en el cuento?

Según la hermana Nadieska, hay gente que intenta hacer las cosas bien dentro del sistema, pero la cosa está dura. Ella habla de un pueblo que tiene voz propia y que no se le puede callar.

Reclamar lo que es tuyo, lo que te da derecho a una vida digna, no es ser un delincuente ni un antipatriota. Ella insiste en que es lo más legítimo que un ciudadano puede hacer, y que las autoridades deben oír, no silenciar.

¿Y ahora qué? ¿Se acabó el drama?

A pesar de todo este panorama gris, la hermana Nadieska no pierde la fe. Encuentra esperanza en los chamaquitos, en los jóvenes, en los viejitos y en la gente que busca consuelo y apoyo en la Iglesia.

Su mensaje final es un llamado a no rendirse, a no dejar morir los sueños de una Cuba mejor, una Cuba libre, donde la gente pueda vivir como merece. Hay que seguir pa'lante, que la esperanza es lo último que se pierde.