¿Adiós a la ayuda? Recorte millonario pone en jaque a menores migrantes en Miami
Un recorte de $11 millones de dólares por parte de la administración Trump amenaza el programa de Caridades Católicas para menores migrantes no acompañados en Miami.
Qué pasó
¡Oye esto pa’ que veas! La Arquidiócesis de Miami anda que trina porque el presidente Trump le cortó un contrato de 11 melones de dólares a Caridades Católicas. Este programa es el que atiende a los chamaquitos que llegan solos a Estados Unidos, y ahora peligra.
Dicen que esto podría tumbar el chiringuito en unos tres meses. El arzobispo Wenski está que no cabe en sí de la preocupación, porque esa ayuda lleva más de 60 años funcionando y nadie da explicaciones claras.
Dónde y cuándo
Esto es en Miami, desde hace más de seis décadas, cuando empezaron a llegar los primeros exiliados cubanos. El contrato se acaba de cancelar, y la cosa se pone fea en cuestión de tres meses si no hay un cambio.
Es un servicio que se ha mantenido en el sur de Florida, un lugar donde el sol pega y la necesidad también, atendiendo a la muchachada que llega sin un alma que los guíe.
Por qué importa
Bueno, esto importa porque son niños, ¿entiendes? Niños que llegan solos a un país que no conocen y que necesitan un plato de comida, un techo y alguien que los cuide mientras se resuelve su situación.
Si cierran el programa, ¿a dónde van a ir estos chiquillos? La Iglesia y el gobierno llevaban más de 60 años trabajando juntos en esto, y ahora todo se va al garete por un recorte.
Qué dicen las partes
Por un lado, el Departamento de Salud y Servicios Humanos dice que es porque hay menos niños bajo su cuidado y que están reorganizando todo, cerrando y uniendo centros. ¡Una vaina de papeleo!
Pero la Arquidiócesis de Miami, con el arzobispo Wenski a la cabeza, cuestiona la falta de explicaciones y pide que reconsideren la medida. ¡Ellos son los que ven el drama a diario!
Qué viene ahora
Pues la cosa está en el aire. La preocupación es grande porque no se sabe qué va a pasar con todos esos menores. ¿Los van a mandar a otro sitio? ¿Van a cerrar las puertas?
Lo que sí está claro es que hay que seguir de cerca este tema, porque el futuro de cientos de niños está en juego. Esperemos que el gobierno piense bien las cosas y no deje a esta gente desamparada.