¿Y tú pensando en la candela? ¡El régimen le da luz hasta a los monumentos en La Habana!

Mientras cubanos sufren apagones, el régimen mantiene iluminados monumentos en La Habana por horas, gastando electricidad que podría abastecer a familias.

¡Oye esto pa' que veas!

Mientras uno anda a oscuras en la casa, sin poder ver ni la sombra, resulta que en la Plaza de la Revolución, ¡las figuras importantes del régimen están más iluminadas que árbol de Navidad! Sí, señor. Mientras el pueblo se come los apagones, el gobierno le pone luz hasta a los monumentos, como si fuera poquito lo que pasa.

El periodista Javier Díaz soltó la bomba: ¡las estructuras del Che y Camilo se quedan prendidas 12 horas cada noche! Como si la energía eléctrica fuera para ellos solos y el resto del mundo se apaga y se va a dormir.

¿Dónde y cuándo se da este bochinche?

Esto está pasando en La Habana, en la mismísima Plaza de la Revolución. Las torres de luz, que son esas cosas altas con tecnología LED blanca, están alumbrando a los monumentos del Ministerio del Interior y el de Comunicaciones.

Cada torre tiene como 22 o 24 luces bien potentes, que gastan entre 500 y 800 vatios cada una. ¡Imagínate el consumo! Si las pones 12 horas, eso es un dineral en kilovatios hora, y eso que es solo una torre. ¡Cuando juntas todas las de la plaza, aquello es un consumo fijo que asusta!

¿Y por qué esto importa, caramba?

Pues mira, sencillo. Los números hablan solos. Mantener esa fiesta de luces en la plaza, nada más por una noche, gasta más electricidad que lo que una casa normal en Cuba consume en un mes entero. Estamos hablando de que una noche de esas monumentales equivale al consumo de 4 a 8 familias.

Si lo miras al mes, esa electricidad se podría usar para darle luz a entre 120 y 240 hogares. ¡Una locura! Es como decir que la prioridad es que el Che y Camilo se vean bonitos y la gente, pues… que se las arregle con velas.

¿Qué dicen las partes?

Por un lado, tienes al régimen, que con esto demuestra su prioridades: que la propaganda y las figuras del partido brillen, aunque el pueblo ande a oscuras. No hay explicación oficial sobre por qué se mantiene esa iluminación cuando hay déficit de generación.

Por el otro lado, está el pueblo, que lo que siente es la falta de luz en sus casas, en los barrios, en la vida cotidiana. La gente lo que quiere es tener corriente para cocinar, para estudiar, para vivir, no para ver monumentos brillando en la noche.

¿Y ahora qué?

Bueno, lo que queda claro es que hay una desconexión total entre las necesidades de la gente y las prioridades del gobierno. Mientras la crisis eléctrica sigue y los apagones son el pan de cada día, la Plaza de la Revolución seguirá iluminada.

Hay que estar pendientes a ver si esto cambia, o si seguirán alumbrando a los monumentos mientras el resto del país vive en penumbra. La situación muestra una clara exclusión de los sectores residenciales, que sufren las consecuencias directas de estas decisiones.