¿Y los cigarros? ¡Le venden aire a 168 mil pesos en La Cuevita!

Una cubana fue estafada con 168.000 pesos en La Cuevita al comprar cajas de cigarros que resultaron vacías, rellenas de lana para simular el peso.

Qué pasó

¡Oye esto pa’ que veas! Una vecina, Rolaisy Velázquez, se llevó un chasco del tamaño de un buque en La Cuevita, allá en San Miguel del Padrón. Compró unas cajas de cigarros pensando en ganarse unos pesitos extra para sus hijas, pero cuando abrió las cajas se encontró con la sorpresa: ¡vacías por dentro!

En vez de tabaco para vender, lo que encontró fue material de relleno, como lana o algodón, puesto ahí solo para que la caja pesara lo normal. ¡Un timo en toda regla!

Dónde y cuándo

Esto pasó en La Cuevita, un lugar que uno cree que va a encontrar algo bueno, en San Miguel del Padrón, La Habana. La señora Velázquez hizo la compra hace unos días, y fue tres días después, al abrir las cajas, cuando se dio cuenta del tremendo engaño.

Imagínate el calor y la gente, tú crees que vas a hacer un buen negocio y te topas con esta gente desaprensiva.

Por qué importa

Bueno, 168.000 pesos cubanos, amigo. ¡Eso no es calderilla! En la Cuba de hoy, eso es un dineral. Es el sueldo de muchísimos meses, y para esta señora era el capital para intentar salir adelante y mantener a sus muchachas.

Es una muestra de lo difícil que está todo, que la gente tenga que arriesgarse así y además se encuentre con este tipo de vivos que se aprovechan.

Qué dicen las partes

La señora Velázquez, con toda la pena del mundo, lo contó en Facebook para advertir a otros. Dijo que ella misma no revisó bien al comprar y que eso fue su error, pero que no se fiaran porque hay gente seria y gente que no.

Y la gente en los comentarios le dio la razón, contando que en La Cuevita han pasado cosas parecidas, que si cigarros rellenos de picadura, de hojas de plátano, y hasta de otras cosas. Parece que no solo con los cigarros hay truco.

Qué viene ahora

Ahora a esta señora le queda el coraje y la advertencia. Habrá que estar bien atentos en estos mercados, porque uno nunca sabe cuándo le puede tocar un vivo. La esperanza es que, con estas denuncias, la gente preste más atención y, quién sabe, quizás hasta las autoridades tomen cartas en el asunto.

Mientras tanto, la pérdida está ahí, y la lección, aunque costosa, servirá para que otros no caigan en la misma trampa.