¿Mulos de camioneros? ¡En Guantánamo el pan llega a caballo y a pie!
En pleno escenario “Opción Cero 2026”, Guantánamo recurre a mulos para mover la harina del pan normado. Un bochinche de escasez que pica y se extiende.
Qué pasó
¡Ay, mi gente! Agárrense fuerte que el chismecito de Guantánamo está que arde. Resulta que, en medio de la famosa “Opción Cero 2026”, esa donde uno no sabe ni qué va a aparecer, el pan de la libreta está llegando a las panaderías de una forma… ¡que ni se imaginan!
La harina, sí, la mismísima harina para nuestro pan de cada día, ¡está viajando en mulo! Como lo oyen. Burros y mulos haciendo de las suyas, cargando sacos por el campo, porque la gasolina y los camiones, como que no aparecen.
Dónde y cuándo
Esto está pasando ahora mismo en Guantánamo, en el oriente cubano. El periodista Rolando Nápoles, que no pierde un detalle, fue el que soltó la bomba con videos y todo, mostrando cómo estos animales de carga se han convertido en los nuevos transportistas estrella.
Las imágenes son de película: caminos rurales, sacos sobre el lomo de los mulos, y la harina llegando como puede a los centros de producción. Es la viva estampa de cómo estamos resolviendo en pleno 2026, con más sudor que tecnología.
Por qué importa
La cosa es seria, mi gente. Esto no es solo la anécdota del mulo; esto es un espejo de cómo anda la cadena de suministros en el país. La “Opción Cero” no es un juego, es una realidad donde el ingenio cubano se pone a prueba con lo poco que hay.
Que el pan, que es la comida básica de tantos, tenga que llegar así, en lomo de animal, en pleno siglo XXI, es para pensarlo. Nos dice mucho de la infraestructura, de la escasez de combustible, y de la capacidad logística que tenemos en la Cuba de hoy.
Qué dicen las partes
Las autoridades locales, por su parte, dicen que todo es para que no falte el pan normado, que es lo que más preocupa. Quieren asegurar que la gente tenga su pancito, aunque sea a paso de burro.
Pero, claro, en las redes sociales la gente no se ha quedado callada. El bochinche es grande y la indignación también, preguntándose cómo es posible que, después de 67 años de una “revolución”, estemos con estos métodos de transporte que parecen de otra época.
Qué viene ahora
Pues, a la verdad, lo que viene es más de lo mismo si las cosas no cambian. El uso de métodos tradicionales, como los mulos, podría volverse la norma en otros lugares. Esto solo nos muestra la magnitud de los desafíos que enfrenta la distribución en varias provincias.
Hay que seguir con los ojos bien abiertos, porque si esto pasa con la harina, ¿qué no pasará con otras cosas? El pueblo, como siempre, es el que lleva la peor parte, esperando su panecito mientras el mulo hace el viaje.