¿Qué te pasa, Melissa? La hija de altos funcionarios cubanos se defiende de las redes
Melissa Broughton Valdés se defiende de críticas en redes por su familia en Cuba y su vida en EE.UU., afirmando que sus decisiones son personales e independientes de sus padres.
¿Qué pasó aquí?
Oye esto pa' que veas... La joven Melissa Broughton Valdés ha tenido que salir a dar la cara, y con qué fuerza, ante el bombardeo de críticas que le han caído encima en las redes sociales. ¿El motivo? Sus familiares y su vida allá en los Estados Unidos, que parece que a mucha gente no le cuadran.
Melissa, hija de una teniente coronel de Ciego de Ávila y de un pez gordo del INDER, salió a defenderse diciendo que sus experiencias son suyas, no de nadie más. ¡Que ella es madre en este país y que eso es más duro que nadar en aceite caliente!
¿Y eso dónde y cuándo?
Todo este bochinche se armó en las redes sociales, esas que a veces parecen un campo de batalla. Los comentarios empezaron a lloverle cuando se supo de su relación con oficiales cubanos ligados a detenciones de chamaquitos en Morón, y ni hablar del papá, que tiene un historial en la seguridad del Estado que trae cola para muchos en el exilio.
El rollo se puso caliente y Melissa no se quedó callá. Ella dice que la gente la critica por los apellidos, no por lo que ella hace o deja de hacer.
¿Y a mí qué me importa?
Bueno, esto importa porque pone sobre la mesa el dilema de siempre: ¿hasta dónde uno es responsable por lo que hacen sus padres o sus familiares? ¿Las decisiones de Melissa están marcadas por la chamba de sus viejos en Cuba, o ella tiene su propio camino?
Además, levanta el debate sobre cómo se vive y se piensa cuando uno está al otro lado del charco, con la soga al cuello tratando de salir adelante, como dice ella, pagando renta y manteniendo a un niño. Es la historia de muchos cubanos que buscan una vida diferente.
¿Qué dicen unas partes y otras?
Por un lado, están los que critican, los que ven en Melissa la cara de un sistema que no les gusta y que asocian con los familiares que menciona. Para ellos, su vida en Estados Unidos es una contradicción o una falta de lealtad.
Por el otro lado, está Melissa, defendiendo su derecho a tener su propia vida, sus propias luchas y sus propias decisiones. Ella argumenta que los vínculos familiares no dictan el pensamiento de una persona, y que la familia no se escoge, pero el pensamiento sí. Insiste en que la están juzgando por apariencias, no por la realidad de su día a día.
¿Y ahora qué?
Lo que viene ahora es ver cómo sigue este cuento. ¿Se calmarán las aguas en las redes? ¿Melissa seguirá defendiéndose o se retirará del ojo del huracán? Lo seguro es que este tipo de polémicas seguirán dando de qué hablar mientras haya cubanos de este lado y del otro, con historias y familias que conectan realidades tan dispares.
Habrá que estar pendiente a lo que pase, porque en este cuento de familia, redes y vida en el extranjero, todavía faltan capítulos por escribir. Y como dice ella, la familia no se escoge, pero el pensamiento y las acciones de cada uno, ¡es otra historia!