¿Treinta Años de Chivatazo a Cuba? Espía del Tío Sam Muere en Caney y la Noticia Sale Ahora

Kendall Myers, espía del Departamento de Estado de EE.UU. para Cuba por 30 años, falleció a los 88. Cumplía cadena perpetua.

¡Oye esto pa' que veas!

Resulta que por ahí murió un señor, Kendall Myers, que la cosa se puso buena porque este hombre, un exfuncionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos, ¡estuvo 30 años pasándole secretos a Cuba! Treinta años, oye. Y nadie se dio cuenta hasta que lo pillaron. Lo peor es que se murió en la cárcel, cumpliendo cadena perpetua, y la noticia de su muerte, que fue en marzo, se ha sabido ahora.

A este señor lo conocían en el mundo del espionaje como el "Agente 202". Murió de cáncer en una cárcel de Misuri, allá en Springfield. La que dio el soplo fue su hija, pero parece que nadie le hizo mucho caso hasta ahora. Lo sentenciaron a cadena perpetua por ser cómplice de espionaje y fraude electrónico, ¡todo en favor del gobierno cubano!

¿Dónde fue la cosa y cuándo?

Todo este tejemaneje se desarrolló en Estados Unidos, principalmente dentro del Departamento de Estado, donde Myers trabajaba. Él, que tenía acceso a papeles secretos, se las ingeniaba para pasar la información a los cubanos. Usaba de todo: radios de onda corta, se juntaba con ellos fuera del país y hasta dejaba los papelitos en cualquier sitio, como en los supermercados. ¡Imagínate!

Su esposa, Gwendolyn, también estaba metida en el ajo y le cayeron 6 años de cárcel. Se veían con los oficiales cubanos por México, Brasil, Ecuador, Argentina, Trinidad y Tobago... ¡por todos lados! Hasta llegaron a verse con el mismísimo Fidel Castro en una visita a Cuba en 1995. ¡Un relajo!

¿Y a quién le cae esto arriba?

Bueno, a nadie le gusta que le metan la mano en casa, ¿verdad? Pues esto a los gringos les cayó como un tiro. Tener a un espía por 30 años, y de esa categoría, con acceso a cosas de seguridad nacional y política exterior, ¡es un desastre! Es como si te tumbaran la puerta y te sacaran todo y tú ni cuenta te dieras. Fue un golpe duro, sobre todo porque no fue por plata, sino por la ideología, dicen.

El tema este de Myers es un ejemplo de cómo las ideas pueden mover a la gente a hacer locuras. Y más en tiempos de Guerra Fría, que todo el mundo andaba con los nervios de punta.

¿Qué dicen las partes?

Por un lado, los oficiales de inteligencia gringa, esos que lo atraparon, dicen que el daño fue "devastador". ¡Imagínate! Perder tanta información secreta durante tanto tiempo no es poca cosa. Por el otro lado, está la versión de Myers, que parece que se declaró culpable y colaboró cuando lo pillaron. Y su familia, claro, que ahora tiene que lidiar con todo esto.

Los cubanos, por supuesto, no han dicho mucho públicamente, pero bueno, ya sabemos para quién trabajaba el "Agente 202".

¿Y ahora qué?

Pues ahora lo que queda es el estudio del caso. Esto se va a seguir estudiando por años en las escuelas de espionaje, para ver cómo fue que un tipo estuvo tanto tiempo infiltrado sin que se dieran cuenta. Es la prueba de que la Guerra Fría dejó unas cuantas historias rojas. Kendall Myers, el hombre que le vendió secretos a Cuba por ideología, ya descansa (o no) en la tumba, pero su historia se queda sonando.

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