¡Se apagó la tinta de Choco! Fallece Eduardo Roca Salazar, titán del grabado cubano
Luto en Cuba: Muere Eduardo Roca Salazar 'Choco', Premio Nacional de Artes Plásticas, dejando un legado imborrable en el grabado y la cultura afrocubana.
¡Se apagó la tinta de Choco!
Oye esto pa' que veas... se nos fue Eduardo Roca Salazar, al que todos conocían como 'Choco'. Este jueves 16 de abril de 2026, La Habana dijo adiós a uno de sus hijos más brillantes, un artista que llenó las paredes y las almas con su arte. Tenía 76 años y se nos fue dejando un vacío que se siente en cada rincón donde huele a pintura y a historia.
Tanto el Consejo Nacional de las Artes Plásticas como la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba confirmaron la noticia, y créeme, en Cuba, cuando se va alguien así, el arte entero se viste de luto. No era solo un grabador, era un referente, un tipo que sabía ponerle alma a la tabla.
¿Dónde y cuándo se hizo la magia?
Nació 'Choco' en Santiago de Cuba, allá por el 13 de octubre de 1949. ¡Imagínate! Creció con el sol y la música de la isla metidos en el cuerpo. Se formó a lo grande, primero en la Escuela Nacional de Arte y luego se dio un chapuzón en la historia del arte en la Universidad de La Habana. Pero fue en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana donde su mano se hizo maestra, dominando el grabado como pocos.
El ambiente en el taller seguro era de pura creatividad, de ese bochinche sano donde las ideas vuelan y se convierten en imágenes que te tocan el corazón. Se nota que ahí se cocinaba algo especial, algo que trascendía el simple oficio.
¿Y por qué nos importa este cuento?
Porque 'Choco' no hacía arte por hacer. Él agarraba su colagrafía, que es una técnica donde uno pega de todo para hacer relieve, y le metía el alma de Cuba. Hablamos de mitología yoruba, de santos que todos conocemos, de tradiciones que nos definen. Su arte era un espejo de nuestra identidad, un grito de orgullo que resonaba en cada grabado.
Este tipo de artistas son los que nos recuerdan quiénes somos, de dónde venimos. Son los que ponen en alto el nombre de Cuba, demostrando que aquí hay talento que brilla con luz propia, más allá de cualquier otra cosa. Su obra es un tesoro que nos pertenece a todos.
¿Qué dicen los que saben y los que no?
Pues mira, las instituciones culturales cubanas no tardaron en mandar sus condolencias, diciendo que fue una figura destacada, un grande de las artes visuales. La UNEAC, que es como el club de los artistas, también le dedicó palabras mayores. La gente en las redes, claro, compartiendo recuerdos, sintiendo la pérdida.
Se habla de su trayectoria, de los premios que ganó en Bulgaria, en Galicia, y hasta dos veces en Japón en la Trienal de Kochi. ¡Un palmarés que asusta! Y claro, el colmo, el Premio Nacional de Artes Plásticas en 2017, el máximo galardón aquí. Sus obras están en museos importantes, hasta en Chicago y en la Fundación Miró. Eso dice mucho, ¿verdad?
¿Y ahora qué? ¿Qué se espera?
Ahora queda el legado, esa obra que no muere y que nos seguirá hablando de Cuba, de su gente, de su espíritu. Quedan sus grabados, sus colores, sus texturas, recordándonos la fuerza de nuestra cultura. Hay que seguir hablando de él, de su arte, para que las nuevas generaciones sepan quién fue 'Choco' y qué nos regaló.
El arte sigue, y la memoria de 'Choco' vivirá en cada obra que admiremos. Es una de esas pérdidas que duelen, pero que también nos dejan un motivo para celebrar la vida de un artista como él.