¿Y el agua pa' cuándo? Díaz-Canel promete y La Habana sigue seca
La Habana sigue sin agua a pesar de las promesas de Díaz-Canel. La potabilizadora opera al 60% y la distribución se mantiene inestable, afectando a miles de hogares.
¡Qué pasó! La Habana sigue sedienta
Imagínate, mi gente, que ya se acabó septiembre y la promesa de resolver el lío del agua en La Habana quedó en el aire. ¡Nada de que el grifo se va a poner a botar como antes! Los miles de hogares que llevan un montón de tiempo esperando por agua decente, pues siguen con el mismo cuento, o peor.
Esto es como esperar a que se seque la pintura del muro, que nunca llega. El propio Miguel Díaz-Canel había dicho, allá por mediados de septiembre, que la cosa empezaría a mejorar al cierre del mes. Pero aquí estamos, y los cubos siguen llenándose con camiones cisterna.
¿Dónde y cuándo se nos está mojando la esperanza?
Todo este drama se está viviendo en La Habana, la capital. El problema es que la red de distribución sigue fallando, y eso que ya pasó el mes que nos prometieron mejoras. Las autoridades andan diciendo que unos 100.000 habaneros ya salieron de la lista de los que sufren el desabastecimiento, ¡qué alivio para ellos!
Pero la cosa no está ni cerca de resolverse. La Planta Potabilizadora Norte-Habana, que es clave en esto, anda a media máquina, al 60% de lo que debería. Y para colmo, los equipos de bombeo están viejos, no aparecen los repuestos y la luz se va a cada rato. Todo un combo que no deja que el agua corra como Dios manda.
¿Y a quién le cae esta agua que no llega?
Pues a todos los habaneros que dependen de un servicio básico que se ha vuelto un lujo. Imagínate vivir con la incertidumbre de cuándo te va a caer el agua, o si te va a caer. Esto cambia la vida diaria, la higiene, la cocina, todo.
La gente está hablando de esto porque es una necesidad vital. No es un capricho, es el agua que necesitamos para vivir. Y ver que las promesas no se cumplen, pues genera mucha duda y, seamos sinceros, bastante frustración.
¿Qué dicen unos y otros?
Los del gobierno, por un lado, sueltan cifras y dicen que algo se ha avanzado, que hay gente que ya no sufre tanto. Dicen que los trabajos de ingeniería siguen en marcha, que están metiéndole mano a la planta.
Pero la gente en la calle, la gente que vive la realidad del día a día, te dice otra cosa. Te cuentan que el camión cisterna a veces tarda días en llegar, que el agua que llega no es suficiente, o que ni siquiera llega. Hay un choque entre lo que reportan las instituciones y lo que vive el pueblo.
¿Y ahora qué? ¿Nos quedamos secos para siempre?
Pues lo que se ve es que la cosa va para largo. Los trabajos continúan, sí, pero con tantos problemas de equipos, de piezas y de luz, es difícil saber cuándo se enderezará el barco.
Lo que está claro es que hay que seguir de cerca qué pasa con esa planta potabilizadora y con la red de distribución. La gente necesita respuestas concretas y, sobre todo, agua. Habrá que ver si las próximas promesas se cumplen o si seguimos esperando bajo el sol.