¡El cubano que entró por ley y ahora se pudre en ICE! 17 meses esperando la suerte en Florida
Eduardo Ortiz, un cubano con parole de dos años, lleva 17 meses detenido por ICE en Florida tras ingresar por CBP One. Su familia busca ayuda legal.
¡Oye esto pa' que veas!
Imagínate, un cubano que entra a Estados Unidos por la puerta grande, con su cita por CBP One y hasta con un parole de dos años, y ¡zas! Lleva 17 meses preso en un centro de inmigración en Florida. Este es el caso de Eduardo Ortiz, un camagüeyano de 35 años que ahora su familia trata de sacar de ese lío, buscando por cielo y tierra una solución.
La cosa es que Eduardo, según cuentan sus familiares, no tenía un solo problema. Llegó al Tío Sam, se puso a trabajar en la construcción, como buen cubano, y de momento, ¡pum! Lo detienen. Y ahí sigue, como si hubiera cruzado la línea a propósito.
¿Dónde y cuándo se armó este bochinche?
Todo este drama se desarrolla en Florida. Eduardo fue detenido mientras iba para los Cayos, en un camión, camino a la chamba. Eso fue hace ya un año y cinco meses, ¡casi nada! Desde entonces, está encerrado en el Broward Transitional Center, esperando que alguien mueva los hilos para que salga de ahí.
La familia asegura que han metido todos los papeles habidos y por haber: apelaciones, habeas corpus, de todo. Pero el tiempo pasa y Eduardo sigue contando los días, sin una respuesta clara sobre su futuro en Estados Unidos.
¿Y a quién le cae esta piña?
Pues mira, a Eduardo le cae todo el peso de un sistema migratorio que, a veces, parece que se enreda solo. Él entró legalmente, tenía su parole, y de repente se encuentra detenido. Esto significa que su plan de hacer vida en EE.UU. está en pausa indefinida. Para su familia, es una angustia total, ver a un ser querido atrapado sin saber cuándo saldrá.
Para muchos cubanos que usan estas vías legales, como CBP One, la esperanza se topa a veces con muros inesperados. Es una carrera de obstáculos donde la incertidumbre es la que manda.
¿Qué dicen las partes en este cuento?
Por un lado, está Eduardo, que dice bien claro que él no ha firmado nada para irse. Que no quiere ni oír hablar de volver a Cuba ni a ningún otro lado. Por otro lado, está el gobierno de Estados Unidos, a través de ICE, que lo tiene detenido mientras revisan su caso. Los familiares, desesperados, han buscado abogados, pero la burocracia parece que no tiene prisa.
Un abogado, José Guerrero, le explicó a Univisión que estos casos, cuando se entra por CBP One y luego no se arregla un estatus, se ponen complicados. Cada caso es un mundo, y mientras no haya una decisión firme, pues ahí se quedan, en el limbo.
¿Y ahora qué se espera en este cuento?
Ahora mismo, lo que se espera es que los tribunales muevan el caso de Eduardo. Si le dan la razón, podría salir y seguir su proceso en libertad. Si no, pues la deportación es una sombra que planea. Su familia sigue pegada al teléfono, esperando noticias, esperando que esta pesadilla termine pronto y que Eduardo pueda, al fin, respirar fuera de esa celda.
La esperanza es lo último que se pierde, dicen, y ellos se aferran a esa idea para que su paisano pueda seguir adelante con su vida en suelo americano.