¡Ay, Yasser! Le queman las fotos, se planta en huelga y la guata pasa trabajo en Sandino
En el Combinado de Sandino, un preso político denunció la quema de sus fotos familiares, represión, huelga de hambre y serias carencias de comida. Un drama que pica y se extiende.
¿Qué Pasó, mi gente? ¡Tremendo bochinche!
Imagínense el cuadro, que esto está que arde. El preso político Yasser Fernando Rodríguez González, desde el mismísimo Combinado de Sandino, soltó la bomba: el pasado 6 de febrero le hicieron una canallada con sus fotos más queridas.
Dice Yasser que el teniente coronel Euclides Reloba Baños, el jefe de ese penal, dio la orden de quemarle unas imágenes donde él salía con una banderita de Estados Unidos. ¿La excusa? Que eran "fotos contrarrevolucionarias", ¡como si una foto quemara una revolución!
Pero el cuento no termina ahí. Por si fuera poco el descaro, también le negaron otras 75 fotos familiares que su hija le llevó. ¡Así, sin más ni más! Imagínense la indignación, por eso Yasser, ni corto ni perezoso, se mandó una huelga de hambre desde el 6 hasta el 11 de febrero.
¿Dónde y Cuándo fue el relajo?
Todo este drama ocurrió en el Combinado de Sandino, allá por Pinar del Río, un lugar que ya tiene fama de ser una olla de grillos. La fecha clave fue el 6 de febrero de 2026, cuando el tal teniente coronel Reloba Baños montó el circo con las fotos. El chivatazo, eso sí, lo dio Yasser por teléfono el 16 de febrero.
Durante la huelga, para rematar, lo mandaron para una celda de castigo que la conocen como "15 y K". Dice Yasser que allí estuvo sin luz, con el frío calando los huesos y recibiendo amenazas de la dirección del penal. ¡Una pasada de rosca, lo que se dice!
Además, menciona que las raciones de comida son de risa y que los alimentos que los familiares intentan entrar son requisados y limitados, con el pretexto de que no haya "intercambios indebidos". Como si uno fuera a hacer un festín con dos tomates.
¿Por qué esto le importa al barrio entero?
Mira, esto es importante porque no es solo una foto o un plato de comida. Es la dignidad de la gente que está presa, es el derecho de un padre a tener una imagen de su hija, por la santísima razón que sea. Es ver cómo, incluso detrás de las rejas, se sigue apretando la soga con la represión.
Nos enseña que la cosa está fea en las prisiones cubanas, que el trato a los reclusos y sus familias deja mucho que desear. Si le queman las fotos a uno, ¿qué no harán con otros? Es un espejo de la situación que vive mucha gente por allá.
Cuando se meten con las fotos familiares o la comida, tocan la fibra más sensible, la conexión con los de afuera, la esperanza de no estar solo. Eso es lo que hace que la gente se indigne y el chisme se corra como pólvora.
¿Qué dicen los de un lado y los del otro?
Por un lado, tenemos a Yasser Fernando Rodríguez González, que está echando el grito al cielo. Él denuncia que el teniente coronel Reloba Baños actuó con autoritarismo al quemar las fotos y negar otras, y que luego lo castigaron por protestar, llevándolo a una celda de castigo con condiciones inhumanas y bajo amenazas.
También se queja del hambre que se pasa en el penal y de cómo les controlan la comida que les llevan los de fuera, justificándose con lo de "evitar intercambios indebidos", una justificación que suena a excusa barata. Mencionó un incidente con otro recluso, Luis Raúl Sánchez Alfonso, que terminó en el hospital.
Por otro lado, hasta ahora, las autoridades penitenciarias cubanas se han quedado mudas. Ni pío. Cero declaraciones públicas. Pero, ¡ojo!, las organizaciones de derechos humanos no se han quedado calladas en otros momentos, ya han alertado sobre las condiciones en las cárceles cubanas, las restricciones a las familias y la escasez de todo.
¿Y ahora, qué viene en este culebrón?
Pues miren, como siempre en estos casos, la bola sigue rodando sin que nadie le ponga el freno oficial. Lo más seguro es que las autoridades sigan con el mutismo y no suelten prenda sobre las acusaciones de Yasser. La denuncia está hecha, pero verificarla de forma independiente es harina de otro costal.
Lo que queda es estar con la oreja pegada al radio bemba, a ver si otras voces se alzan o si alguna organización internacional le echa un ojo más de cerca a este Combinado de Sandino. La situación es tensa, y estos relatos siempre dejan un sabor amargo, preguntándonos qué más pasará tras esos muros.