¡Atrapan a activista cubana y le ofrecen caviar a cambio de silencio!
Agentes cubanos intentaron reclutar a la activista Anna Bensi, ofreciéndole apoyo musical a cambio de que dejara de criticar al régimen.
¡Oye esto pa' que veas! Resulta que a la muchacha esta cubana, Anna Bensi, la tienen a raya. La pobre influencer, que le da por decir lo que piensa en las redes, la citaron en una estación de policía allá en Alamar, como si fuera por un trámite tranquilo. ¡Pero qué va! Era una trampa para meterle presión.
Imagínate, la llamaron junto a su mamá, Caridad Silvente, diciendo que era para firmar unos papeles de un lío legal que tenían por ahí. Cuando llegaron, le quitaron a la madre de al lado, y ¡zas!, Anna se quedó sola con un instructor llamado Eddie Cala. Después entraron otros tres, sin decir quiénes eran, y se pusieron a interrogarla como si estuviera en una película.
¿Qué pasó?
La cosa es que estos agentes, que se las saben todas, empezaron a preguntarle por sus sueños. Y cuando la chamaquita mencionó que le gusta la música, que hasta tiene una canción que se llama “Mi Tierra”, los tipos se le tiraron encima.
“Ese sueño se puede realizar… nosotros te podemos ayudar”, le soltaron, ¡como si fueran productores de Hollywood! Pero claro, la ayuda venía con precio: que se callara la boca, que dejara de denunciar y de subir sus cosas a las redes. ¡Tremenda jugada para intentar silenciarla!
¿Dónde y cuándo?
Todo este teatro se armó en una estación policial de Alamar, en La Habana. El interrogatorio, según cuenta Anna, fue hace poco, un día cualquiera de abril de 2026. La tensión se sentía en el aire, y el sol de la isla afuera, pero adentro se cocinaba otra cosa, una presión que te ahoga.
¿Por qué importa?
Bueno, importa porque es la misma historia de siempre: el gobierno cubano no quiere que nadie hable de lo que no le conviene. Intentan callar a los que señalan las cosas que no funcionan, los que critican. Quieren que todos anden como borreguitos, y si no, pues les meten miedo o les ofrecen un caramelo envenenado, como este cuento de ayudarla con su música.
A la gente que quiere decir las cosas como son, los tienen vigilados, los citan, los amenazan. Es una forma de decirles: “O te pones las pilas con nosotros o te las verás negras”.
¿Qué dicen las partes?
Por un lado, está Anna Bensi, que dice que a ella le ofrecieron ayuda para su carrera musical. La condición era clara: dejar de criticar al gobierno, dejar de ser ella misma en las redes. Ella, ni corta ni perezosa, les dijo que no, que ella no trabaja para una dictadura, ¡y con toda la razón!
Por otro lado, están los agentes del régimen, que no se identificaron, pero que ofrecieron el apoyo y también, según cuenta Anna, la amenazaron con meterla presa si seguía publicando. Le dijeron que nadie la iba a ayudar si se metía en líos. Ah, y hasta insinuaron que su familia también estaba bajo la lupa.
¿Qué viene ahora?
Pues, ahora la cosa sigue tensa. Anna dice que siente que la vigilan más que antes, que hasta la siguen por la calle. Su hermana, que es ciudadana americana, también tuvo su propio interrogatorio intimidatorio. Aunque el caso contra su mamá lo cerraron, el de ella parece que sigue abierto, como una amenaza latente.
Lo que está claro es que el régimen no se va a quedar quieto. Si no pueden callarte con amenazas, intentan seducirte con promesas vacías. Lo importante es que Anna no se ha dejado amilanar y sigue defendiendo su derecho a expresarse, diciendo que ella no pertenece a ninguna organización y que solo da su opinión como ciudadana.