¿Diez décadas en la celda y ocho fugas de la parca? ¡El preso más viejo de EE.UU. se nos fue!
Francis Clifford Smith, el preso más viejo de EE.UU., murió a los 101 años. Condenado a muerte a los 25, escapó de su ejecución ocho veces y siempre clamsó inocencia.
Qué pasó
Oye esto pa' que veas la historia de Francis Clifford Smith, un hombre que se nos fue a los 101 años. Este señor estuvo más de siete décadas metido en líos con la justicia de Estados Unidos, y mira que le buscaron la vuelta para ejecutarlo, ¡ocho veces! Al final, la muerte se lo llevó por viejito, no por la silla eléctrica.
Lo condenaron por asesinato cuando tenía apenas 25 años, allá por 1950. Pero él, hasta el último día, juraba y perjuraba que él no había sido. ¡Imagínate la pela!
Dónde y cuándo
Todo este rollo comenzó en 1950, cuando a Smith lo declararon culpable de un asesinato y le soltaron la sentencia de muerte. Pasó la mayor parte de su vida en el sistema penitenciario de Connecticut, que es donde estaba metido hasta hace poco.
Se murió a los 101 años, y hasta 2020 no le dieron una libertad condicional supervisada, mandándolo a una residencia para mayores dentro del sistema. ¡Vaya vida metido en cuatro paredes!
Por qué importa
Pues mira, este caso pone el dedo en la llaga sobre cómo envejecen los presos en Estados Unidos. ¡Hay un montón de gente mayor en las cárceles! Y esto hace pensar si las condiciones son las adecuadas, cómo anda la salud de estos viejitos y si no sería más humano darle una chance a los que ya tienen muchos años cumplidos.
Además, deja muchas dudas sobre si realmente era culpable o no. Si estuvo a punto de morir ocho veces y al final hay testimonios que se contradicen, pues te preguntas: ¿y si se equivocaron de persona?
Qué dicen las partes
La historia de Smith es un coro de voces. Él siempre dijo que era inocente. Hubo testimonios que después cambiaron, e incluso un preso que llegó a decir que él tuvo que ver con el crimen. ¡Menudo lío!
Un agente de la investigación, años después, soltó sus propias dudas sobre si Smith estaba o no en el lugar del crimen. Y en 1954, un juez decidió quitarle la pena de muerte y ponerle cadena perpetua. ¡Menos mal!
Qué viene ahora
Pues ahora queda la historia de este señor, que murió a una edad que pocos llegan, después de una condena que pesó como una losa. Su caso es un llamado a mirar cómo tratamos a los mayores en las cárceles y a reflexionar sobre las condenas.
Quedan las dudas flotando: ¿se hizo justicia? ¿cuántos más así estarán? El debate sobre los presos ancianos sigue caliente, y este caso le da más leña al fuego.