¿Y tú, vives o te aguantas? La crisis en Cuba te chupa el alma

Familias cubanas sufren agotamiento psicológico por la crisis: apagones, escasez y servicios deteriorados generan incertidumbre constante.

¡Oye esto pa’ que veas!

En Cuba, la gente no solo vive, ¡se aguanta! Una familia en La Habana ha contado al mundo cómo la crisis, esa que no da tregua, les está mermando no solo el cuerpo, sino también el alma. Los apagones, la falta de comida y los servicios que se caen a pedazos son el pan de cada día, y la cosa es que la cabeza no da más con tanta incertidumbre. ¡Esto no es vida, es aguantar!

¿Dónde y cuándo? En la isla, ¡siempre!

En La Habana, como en casi toda Cuba, los días se miden por las horas de luz y las de oscuridad. Esta familia, como muchísimas otras, vive bajo el peso de no saber cuándo volverá la electricidad. Se las ven negras para cocinar, para mantener algo en la nevera, ¡para hacer cualquier cosa! El calorcito y el ruido de la ciudad parecen burlarse de la situación, pero la tensión se siente en el aire.

¿Y esto a quién le cae arriba? ¡A todos!

Esta incertidumbre que te revienta la cabeza es lo que más está pegando. No puedes planificar nada, vives con la angustia de si podrás encender la cocina o si se te va a dañar lo poco que logras comprar. Los bolsillos flacos hacen que comprar lo básico sea una misión imposible, y muchos dependen de que les manden algo desde afuera. ¡Imagínate el estrés!

¿Qué dicen unos y qué dicen otros?

Por un lado, el gobierno habla de problemas estructurales y el impacto de las medidas económicas. Las familias, mientras tanto, lo que dicen es que necesitan soluciones ya, que la vida se les está haciendo imposible de sobrellevar. La gente en la calle comenta que la situación empeora cada día, y las noticias que llegan de afuera solo confirman que el panorama no es nada alentador.

¿Y ahora qué? A ver qué pasa…

Lo que se ve en el horizonte no es muy claro. La gente sigue esperando que las cosas mejoren, pero la verdad es que nadie sabe cuándo ni cómo. Los servicios siguen fallando, el transporte es un dolor de cabeza y la comida no aparece por ningún lado. Solo queda seguir aguantando y ver qué vueltas da la vida, porque planificar es un lujo que pocos se pueden dar ahora mismo.

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