¡Aguas Negras y Calles Desaparecidas! El Lujo de Vivir en La Habana
Aguas residuales inundan calles en Santos Suárez, La Habana. Residentes denuncian deterioro urbano y mezcla de aguas, cuestionando la infraestructura de la capital.
¡Oye esto pa' que veas!
Prepárense, que les traigo el último bochinche salido del barrio de Santos Suárez, allá en La Habana. Resulta que el escritor Rodolfo Alpízar soltó la sopa en las redes, y lo que cuenta es pa' agarrarse. Imagínese usted, una esquina que parece más una piscina de agua sucia que una calle. ¡Y con mucho lujo, claro está!
El señor Alpízar, con esa picardía suya, compartió unas fotos que dan pena. Aguas albañales desbordadas, que se mezclan con lo que uno creería que es agua pa' beber, y la calle... ¡ay, la calle! Que prácticamente desapareció bajo el lodazal. Un panorama digno de cualquier película de terror, pero aquí es la vida real, mi gente.
¿Dónde pasó este relajo y cuándo?
Esto fue en la esquina de Figueroa y Luis Estévez, en el mismísimo barrio de Santos Suárez, municipio Diez de Octubre. No nos dijo el amigo Alpízar cuánto tiempo lleva la cosa así, ni cuándo empezó el despelote. Pero las fotos hablan por sí solas: pavimento roto, alcantarillas que parecen estanques y un agua que ni pa' bañarse, ¡olvídate!
El ambiente se siente pesado, con ese olorcito a azufre y la tensión de no saber qué va a pasar después. Un calor que agobia y el ruido de la desesperación de los vecinos que reclaman.
¿Y esto a quién le importa?
Pues mire, esta vaina importa y mucho. Afecta a los que viven ahí, a los que pasan por ahí, y en general, a todos los que se preocupan por cómo está La Habana. Si la infraestructura está así, ¿qué nos queda? La gente está harta de que le prometan y no le cumplan. Se quejan de que el agua no llega bien, de que las tuberías están hechas pedazos, y que las averías son el pan de cada día. Esto es un síntoma más de que el sistema hidráulico de la capital está colapsando.
¿Qué dicen los que saben (y los que no)?
El propio Rodolfo Alpízar, con su ironía fina, se acordó del bloqueo. Dijo que era culpa del embargo estadounidense, como si esa fuera la única causa de que las calles se inunden y las tuberías revienten. Uno entiende el descontento, pero echarle la culpa a todo lo de afuera a veces no ayuda a resolver lo de adentro.
Los vecinos, por su parte, lo que piden es una solución, que les arreglen la calle, que limpien el desastre. Se escuchan quejas, lamentos y, sobre todo, mucha indignación. Unos dicen que no les hacen caso, otros que las autoridades no aparecen. Y mientras tanto, el agua sucia sigue ahí, campante.
¿Y ahora qué?
Pues ahora, mi gente, lo que queda es seguir de cerca esta historia. A ver si las autoridades se dan por enteradas y mandan a alguien a resolver este problema, que ya parece un chiste de mal gusto. Ojalá no sea solo un comentario pasajero y de verdad se pongan las pilas para que La Habana no se ahogue en sus propias aguas. Veremos si el “turismo de lujo” también incluye paseos en bote por las aguas albañales.