¡Trump, el que no lo matan es porque está duro de matar!

¡Otra vez a la candela! Le metieron el ojo a Trump en Mar-a-Lago, y el hombre, entre sustos y chistes, dice que no sabe cuánto más aguanta el ritmo.

Qué pasó

¡Imagínense la cosa! Nuestro presidente, Donald Trump, el mismo que ya ha pasado más sustos que un gato en Nochebuena, volvió a estar en la mira de un loco. En su propia casa de Mar-a-Lago, tremendo alboroto se armó cuando un tipo, armado hasta los dientes y con ganas de echar un mal rato, intentó colarse.

El Servicio Secreto, que no duerme, tuvo que darle piso al intruso. La cosa fue tan seria que hasta el mismo Trump, en un evento en la Casa Blanca, soltó una frase que dejó a más de uno con el alma en un hilo: “No sé cuánto tiempo estaré. Mucha gente me dispara por mí, ¿no?”. ¡Así mismo, con ese tumbao entre serio y resignao!

Dónde y cuándo

Este bochinche gordo, de película de acción, ocurrió allá por Mar-a-Lago, en la Florida. Era febrero de 2026, y el susodicho, un jovencito de 21 años llamado Austin Tucker Martin, llegó con pistola y hasta una lata de gasolina. ¡Como quien va a prender una fogata, pero con intenciones más oscuras!

El tipo no quiso soltar el arma, la levantó como para hacer diabluras, y ahí mismo los agentes del Servicio Secreto le cayeron arriba. No hubo forma de hablar con él, y la cosa terminó de la única manera posible para proteger al presidente.

Por qué importa

¿Y por qué esta novela nos importa? Pues mijo, porque esto no es la primera vez que le pasa al hombre. Ya en julio de 2024, en un mitin en Pensilvania, le dieron un chancletazo en la oreja. Y en septiembre del mismo año, mientras jugaba golf en Palm Beach, otro le apuntó con un arma.

Esto no es solo un chisme de esquina, es la prueba de que ser presidente en estos tiempos es como estar en una vitrina de cristal. La gente se pregunta: ¿Hasta dónde llega la seguridad? ¿Y cómo es posible que un mismo presidente tenga que lidiar con tantos atentados? La preocupación por la seguridad de los líderes es un tema candente, y esta historia lo recalca con drama.

Qué dicen las partes

Por supuesto, el propio Trump, con su estilo inconfundible, tiró la caña. Dijo que los presidentes más eficaces, ¡qué casualidad!, son los que más los persiguen. Y hasta se dio el lujo de bromear con la idea de bajarle dos rayas a su ‘efectividad’ para ver si así lo dejan en paz un rato. “¿Puedes contenerte un poco? Seamos un presidente normal por un tiempo”, soltó, como si ser normal fuera tan fácil para él.

Mientras tanto, los expertos en seguridad nacional, con la ceja levantada, están diciendo que ya es hora de revisar bien esos protocolos. No es cuento de camino, la repetición de estos incidentes exige que se pongan las pilas con la protección presidencial. Es una situación seria que requiere atención constante.

Qué viene ahora

Ahora lo que viene es seguirle la pista al debate sobre la seguridad de los presidentes y los altos cargos. ¿Habrá cambios? ¿Se reforzará aún más el Servicio Secreto? El aire está cargado de esas preguntas. Por su parte, Trump, con todo y los sustos, sigue en su pelea, activo en la política, como si nada. Está claro que el hombre no se rinde fácil.

Así que, aunque el peligro le ronde y la tensión política sea palpable, parece que lo tendremos por un rato más, dando de qué hablar y manteniendo a todos con el ojo pelao. Esto es un tira y encoge que no tiene fin a la vista, y Nipinga estará aquí para contarlo con bochinche y carcajada.

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