¿Tres Años Viviendo en un Gimnasio? ¡El Drama de Nueve Familias Cubanas Sin Casa en La Habana!

Nueve familias cubanas llevan casi tres años viviendo en un gimnasio en La Habana, atrapadas en condiciones precarias por la crisis habitacional y económica.

Qué pasó

Imagínate esto: casi tres años viviendo dentro de un gimnasio, ¡así como lo oyes! Nueve familias cubanas están en esta situación porque un edificio se les derrumbó y las prometieron reubicarlas rápido. Pero nada, que los días pasaron y se convirtieron en años, y ahí siguen, en el gimnasio Jesús Montané en La Habana.

Lo que empezó como una solución para 15 días se volvió una vida completa. La cosa es que el problema de vivienda en Cuba está que arde, con cientos de miles de casas que faltan y una economía que no da pie con bola para resolverle a la gente.

Dónde y cuándo

Todo esto pasa en el barrio San Isidro, en La Habana, específicamente en la sala polivalente Jesús Montané, que antes era para boxeo. Llevan allí desde el derrumbe parcial de su edificio, hace casi tres años. El lugar es un techado de zinc, donde han montado divisiones con lo que han podido: cartones, sábanas viejas, palos, muebles rotos. Hay calor, humedad, chinches, ratones, de todo un poco.

La señora Felicia Crespo, de 57 años, tiene su pedacito cerca de la entrada. Ahí tiene su cama, su hornilla y sus cosas. El agua viene de una cisterna que no se ve muy limpia, y la luz es un enredo de cables por el suelo. ¡Y los apagones son el pan de cada día! Cuando quitan la luz, el calor sube y aquello se pone infernal.

Por qué importa

Esto importa porque demuestra lo mal que está la situación de la vivienda en Cuba. Hay familias enteras, hasta niños que han nacido ahí dentro, viviendo en condiciones que ni para los animales. Es la realidad cruda de miles de cubanos que no tienen dónde caerse muertos, mientras las promesas de los que mandan se las lleva el viento.

La gente se siente abandonada. Llevan tiempo sin ver a ningún funcionario que les busque una solución real. Es un drama humano que se repite en muchos lugares de la isla, reflejando la crisis económica y social que no da tregua.

Qué dicen las partes

Las familias, claro, están desesperadas. Se quejan de las condiciones, de la falta de privacidad, de la salud, de todo. Dicen que esto no es vida y que se sienten olvidadas.

Las autoridades, según cuentan los residentes, prometieron reubicaciones que nunca llegaron. Se supone que buscaban soluciones, pero parece que se quedaron en palabras. Mientras tanto, la vida sigue en el gimnasio, con los entrenamientos de los muchachos sonando todo el día entre las camas y las paredes improvisadas.

Qué viene ahora

Pues mira, ahora mismo lo que se ve es más de lo mismo. Sin una fecha clara para salir de ahí y sin que se vea una solución a la vista, estas nueve familias seguirán viviendo su drama diario en el gimnasio. La crisis habitacional y económica sigue apretando, y parece que tendrán que seguir luchando por un techo digno.

Habrá que ver si la presión o la visibilidad del caso logran que alguien mueva ficha de verdad. Por ahora, la incertidumbre y las carencias son las únicas compañeras de estas familias cubanas.