¿Se le cayeron las manos a Cuba? Sor Nadieska destapa la olla con drama y fe

Sor Nadieska Almeida denuncia la crisis en Cuba: insalubridad, falta de medicinas y desesperanza. Pide solidaridad y optar por el bien, la verdad y la libertad.

¡Oye esto pa' que veas lo que está pasando!

La hermana Nadieska Almeida, una de las que no se calla en Cuba, volvió a prender el fogón con una denuncia candente. Parece que los problemas no se acaban y la esperanza se está poniendo flaca en la isla. La religiosa sacó un texto el 28 de septiembre de 2026, y mira que lo que cuenta es duro: que si la gente está cogiendo enfermedades por todos lados, que si no aparecen ni las pastillas ni el agua, ni pa' limpiarse uno mismo, y la comida, ¡ni hablar! Pero lo que más le duele es ver cómo el pueblo se cansa, se desespera, porque llevan años pidiendo a gritos que les den derechos, justicia y libertad. ¡Un bochinche de los buenos, pero con razón!

Ella, que es la Superiora de las Hijas de la Caridad, dice que esto no es nuevo. Que llevan tiempo avisando las consecuencias de tanto desastre, y lo peor es que siguen cayendo calamidades. Ahora mismo, se le está pegando a la gente una peste de dengue, hepatitis y otros virus. ¿Y por qué? Porque todo está sucio, no hay medicinas, ni agua potable, ni jabón, ni na', y la comida, ¡un desastre total!

¿Y dónde fue la cosa y cuándo?

La cosa está pasando en Cuba, y es un problema de ahora mismo, que se viene arrastrando desde hace tiempo. La hermana Nadieska menciona hasta el lío del incendio en la Iglesia de San Judas y San Nicolás en La Habana. Y aunque el gobierno ayudó con la limpieza y la puerta, al final, dice ella, lo que queda es el silencio para los que sufren las consecuencias de estas cosas. La gente está ahí, en el día a día, lidiando con la escasez y la falta de salubridad, sintiendo el calor, el ruido de la ciudad que no para, pero con el ánimo por el suelo.

¿Y a quién le importa todo este relajo?

Pues a todos los cubanos, ¡claro está! La hermana Nadieska explica que esta situación está minando la moral del pueblo. Habla de una cosa que llama “el síndrome de las manos caídas”, que no es una enfermedad de médicos, sino esa sensación de agotamiento y resignación que uno siente cuando lucha y lucha y no ve la luz. Ella misma confiesa que se ha sentido así, frustrada, cansada de pedir lo mismo: derechos, justicia y libertad para su gente. Es un cambio que afecta la vida de todos, porque la desesperanza se pega más que cualquier virus.

¿Qué dicen los que mueven los hilos y los que están en la calle?

Por un lado, están las palabras de la hermana Nadieska, que habla en nombre de muchos que se sienten agotados y frustrados. Por otro lado, menciona el apoyo del gobierno para arreglar la iglesia, pero recalca que las respuestas reales a los problemas de fondo, como la salud y la alimentación, parecen estar ausentes. La gente en la calle, la que está sufriendo las consecuencias, lo que siente es el silencio y la falta de soluciones concretas. Unos dicen que se trabaja, otros que no se hace nada, pero al final, el que sufre es el pueblo.

Y después de todo este jaleo, ¿qué se espera?

La hermana Nadieska no se queda en el lamento. Ella, acordándose de Moisés, nos dice que hay que levantarse, que hay que sostener las manos para seguir rezando y tener confianza. Llama a la solidaridad, a “optar por el bien, por la verdad, por la libertad y por la vida”. Pide que no se deje solos a los jóvenes y que el miedo no mande en el futuro. Es como decir que, a pesar de la crisis, todavía hay esperanza y que hay que seguir luchando por construir un futuro mejor. Es un llamado a la acción, a no rendirse, a pesar de que los caminos que vienen no se ven muy claros.