¿Se te olvidó que viajabas? ¡Omnibus pa' La Habana se convierte en odisea de 20 horas!
Un viaje de Santiago a La Habana se convirtió en pesadilla de 20 horas con seis averías, cucarachas y calor, costando 17 mil pesos.
¡Oye esto pa' que veas!
Una señora, Melissa Pérez, soltó la lengua en las redes sociales porque agarró tremendo bochinche pa' ir de Santiago a La Habana. El viaje, que debía ser de unas pocas horas, se estiró hasta casi 20. Y todo por culpa de las guaguas que se ponen malas en el camino.
Imagínate, el ómnibus salió a las dos de la tarde y se supone que llegara a Villa Nueva a las seis de la mañana. Pero ni a la mañana siguiente habían llegado. La pobre gente en esa lata de sardinas sufriendo.
¿Dónde fue la cosa y cuándo?
La historia empezó ayer, sábado, saliendo de Santiago de Cuba. El destino: La Habana. El plan: llegar a la terminal de Villa Nueva al amanecer de hoy, domingo. Pero el cuento se alargó.
El recorrido, que debería ser pan comido, se volvió un infierno. La madrugada se llenó de ruidos raros, frenazos y paradas. Nada más y nada menos que seis veces se le rompió la guagua. ¡Seis!
¿Y esto a quién le cae arriba?
Mira, esto es un cantazo pa' la gente que necesita moverse por el país. La cosa se pone color de hormiga cuando uno paga 17 mil pesos por un viaje y termina viviendo una película de terror.
Se supone que antes de salir pa' un viaje largo, esos carros pasen por el taller y les den una buena revisión. Sobre todo, que hay niños y viejitos viajando. No pueden jugar con la salud y el tiempo de la gente así.
¿Qué dicen las partes?
La señora Melissa contó que los gestores venden los boletos prometiendo maravillas. Te pintan la guagua como si fuera un avión, pero la realidad es otra. Te dicen que todo está en orden, que el viaje será cómodo.
Pero cuando uno se monta, la cosa cambia. Aparecen las cucarachas, se cuela el aire acondicionado y el calor te cocina. Al final, lo que te venden como un servicio de calidad, se convierte en una pesadilla.
¿Qué viene ahora?
Parece que la cosa no va a cambiar pronto. El transporte en Cuba está cañón. Las guaguas estatales no dan abasto y el transporte privado, aunque resuelve, te sale caro y a veces es una lotería.
La gente va a seguir esperando, sufriendo retrasos y viajes que se convierten en odiseas. Hay que estar pendiente a ver si algún día los viajes de verdad se parecen a lo que te prometen al comprar el boleto.