Rusia se ahoga en el pantano de la guerra: El cansancio se apodera del Kremlin
Rusia sufre un desgaste político y económico por la guerra en Ucrania. El cansancio social, las tensiones económicas y el deterioro de la confianza sacuden al Kremlin.
Qué pasó
Oye esto pa’ que veas… La cosa en Rusia se está poniendo color de hormiga, y no es por el calor. Parece que la guerra en Ucrania, que empezaron pensando que sería un paseo, se les está volviendo un problema gordo, gordo. El cansancio se siente en la calle, en los bolsillos y hasta en los que están pegados al poder. La gente ya no habla de “nosotros” cuando se trata de la guerra, sino que le tiran la pelota directamente a Putin. Se nota que el asunto ya no es un proyecto de todos.
Por ahí se empieza a oír que el futuro del país no tiene por qué seguir atado a que si Putin sigue o no. Es como si en cada esquina la gente estuviera debatiendo qué va a pasar después, pero sin asumir que el que está ahora se queda para siempre.
Dónde y cuándo
Esto no es un cuento de hoy, sino un proceso que se viene cocinando desde hace rato. La guerra en Ucrania, que se supone era rápida, ha ido soltando consecuencias que le caen encima a los rusos día a día. Imagínate, sube la inflación, te meten más impuestos, te cortan el internet por gusto y encima ves que los servicios y las calles se caen a pedazos. Todo eso mientras la guerra se traga el dinero y no deja nada bueno a cambio para la gente del común.
Además, las élites de allá, los empresarios, se han quedado sin poder usar las billeteras y los juzgados de Occidente por culpa de las sanciones. Ahora tienen que depender de lo que diga el Estado, que está controladito. Se han visto casos donde les quitan propiedades y un montón de plata, como si fuera un vuelto. Dicen los que saben que esto es una de las mayores repartideras de billete desde los años 90, y los que se benefician son los que están cerca del Kremlin. Eso sí que genera desconfianza, hasta entre los que siempre han estado al pie del cañón con el gobierno.
Por qué importa
Mira, esta guerra que empezó con la idea de que Rusia iba a ser más grande en el mundo, parece que ha dado un tiro por la culata. Europa ya no depende tanto del gas ruso como antes, y en las reuniones importantes del mundo, a Moscú se le escucha menos. Lo peor es que dentro del país, el cuento ese de la estabilidad y las mejoras materiales ya no cuela. Ahora lo que hay es más control, más censura y a la gente vigilada hasta pa’ ir al baño. Ya no hay una historia que entusiasme a la gente, que los haga sentir parte de algo grande.
Esta mezcla de economía mala, política que cansa, estar un poco aislado del mundo y no tener una ilusión de futuro, tiene al gobierno ruso en una cuerda floja. Cada vez que intentan apretar más las tuercas para controlar todo, parece que se generan más problemas entre ellos mismos. El chanchullo se está volviendo un lío.
Qué dicen las partes
Por un lado, se ve que muchos funcionarios, empresarios y hasta los jefes de las regiones se están empezando a lavar las manos. Ya no dicen “nosotros” cuando hablan de las decisiones del Kremlin, sino que señalan directamente a Putin. Es como si dijeran: “Eso es cosa de él, yo no tengo na’ que ver”.
Dicen los expertos que, aunque el gobierno tiene el control con mano dura, ya hay gente en sectores importantes que están pensando en qué pasará cuando el que manda ya no esté. No es que lo digan en voz alta, pero se rumorea que ya están planeando el futuro sin él.
Qué viene ahora
El panorama para Rusia no se ve nada claro. La dependencia de Europa del gas ruso se ha reducido, y la influencia de Moscú en foros internacionales anda por el suelo. Internamente, el antiguo modelo de estabilidad económica se ha desmoronado, dando paso a un control ideológico más férreo y a una vigilancia constante. La falta de una narrativa convincente que movilice a la sociedad y las crecientes tensiones internas sugieren un futuro incierto, donde las medidas de control podrían exacerbar la inestabilidad.