¿De avión de fumigar a la residencia gringa? Piloto cubano cuenta su nueva vida en Michigan

Piloto cubano que huyó en avioneta de fumigación ahora busca residencia en Michigan, trabaja en reciclaje y aspira a volar de nuevo en EE.UU.

¡Oye esto pa' que veas!

Imagínate tú, el piloto cubano Rubén Martínez Machado, el que se montó en una avioneta de fumigar y se dio el tun tun hasta Estados Unidos, ¡pues dice que ya está echando raíces en Michigan!

El hombre asegura que está reconstruyendo su vida allá arriba, con asilo político en el bolsillo y esperando la residencia permanente para volver a meterle mano a los aviones, que es lo que sabe hacer.

¿Dónde y cuándo fue el bochinche?

Esto pasó hace ya casi cuatro años, en octubre de 2022, cuando Rubén despegó de Sancti Spíritus en ese pájaro de acero, un Antonov AN-2, y aterrizó en Florida.

Ahora vive en Lansing, Michigan, lejos del surcito donde uno pensaría que caen todos los cubanos, y le da a la manivela en una empresa de reciclaje. El frío de Michigan, quién lo diría, le sienta mejor que el bochorno de Miami, parece.

¿Y por qué importa esta historia?

Porque para muchos cubanos, cruzar el charco de esta manera es una odisea. Rubén no solo se jugó el pellejo, sino que ahora está demostrando que se puede empezar de cero, con dignidad y con la mira puesta en el futuro.

Además, él mismo dice que quiere bajarle dos a la bulla mediática y enfocarse en lo suyo, ¡y eso dice mucho de cómo quiere llevar su vida!

¿Qué dicen las partes?

El hombre se defiende de las malas lenguas que decían que colaboraba con el gobierno cubano, ¡eso es puro invento, dice él! Cuenta que hasta recibió amenazas al llegar y que la comunidad cubana en Miami no lo trató como él esperaba.

Por eso, prefiere el bajo perfil en Michigan. Mientras, las autoridades migratorias lo tuvieron un tiempo bajo la lupa hasta que un juez le dio el asilo en febrero de 2023. Ahora, a esperar que le den los papeles para volar sin miedo.

¿Qué viene ahora?

Pues mira, Rubén está con un pie en el presente, trabajando y esperando la residencia, y con el otro soñando con volver a las alturas. Quiere ser piloto otra vez, ¿quién sabe? Quizás lo veamos surcando los cielos americanos.

Lo cierto es que su historia es un ejemplo de que, con coraje y paciencia, se puede cambiar el rumbo, aunque sea en una nave que antes echaba veneno a los campos.