¿Qué les pasó a estos presos políticos cubanos? ¡Están hechos unMAPE SANTO!

Presos políticos cubanos como Carlos Alberto MacDonald Ennis y Alexander Díaz Rodríguez sufren grave deterioro físico. Denuncian malas condiciones carcelarias y falta de atención médica.

¡Qué barbaridad, compadre! A esto hemos llegado...

Oye esto pa’ que veas la cosa cómo anda. Los casos de Carlos Alberto MacDonald Ennis, Alexander Díaz Rodríguez y Yasmany González Valdés, ¡imagínate tú!, están dando candela. Estos muchachos, que están presos por pensar diferente, ¡han amanecido más viejos que la cuenta! Tienen un desgaste físico que asusta, de esos que te dejan sin aire y con los huesos como si hubieran corrido una maratón sin agua.

Y no es que uno se lo invente, ¡no, no, no! Familiares y gente que sabe de esto andan pegando el grito al cielo. Dicen que los años en la cárcel les han pasado factura, y se les nota en la cara, en los huesos, ¡en todo! Es un deterioro que salta a la vista, y la preocupación corre como pólvora.

¿Dónde fue este desastre y cuándo empezó la cosa?

Esto está pasando ahora mismo, en las cárceles de Cuba, donde la cosa se pone color de hormiga. Los nombres que te digo –MacDonald Ennis, Díaz Rodríguez y González Valdés– son solo la punta del iceberg de un problema que viene de largo. El caso de Yasmany González Valdés tiene a todos con el alma en vilo, porque lo movieron de nuevo pa’ un régimen cerrado, ¡una vaina que lo pone peor todavía!

Imagínate el ambiente: presos, años metidos entre cuatro paredes, con la salud cayéndose a pedazos y el calor que no da tregua. Dicen que no hay comida buena, ni atención médica que valga. Un bochinche, mi hermano, un verdadero bochinche para la salud.

¿Y por qué esto nos tiene que importar a todos?

Pues mira, porque al final, todos somos cubanos y nos duele lo que le pasa al vecino. Si a estos muchachos los tienen así, imagínate los demás. Aquí nadie está pidiendo peras al olmo, solo que traten a la gente como gente, con respeto y con salud. Que si están enfermos, ¡los atiendan!

Además, esto cambia la vida de las familias, que viven con el Jesús en la boca, sin saber qué pasa con sus hijos, sus hermanos, sus padres. Es una carga que no se aguanta, y el tema está en boca de todos porque la injusticia, compadre, la injusticia cansa.

¿Qué dicen los que están metidos en el candelero?

Pues mira, los que están dentro, y los familiares que están afuera, no paran de denunciar. Dicen que las condiciones en las prisiones son un desastre, que las medicinas no llegan y que pedir ayuda es como tirarle agua a un pez muerto.

Por otro lado, las autoridades... bueno, de ellas se sabe poco o nada. Las organizaciones internacionales han metido la cuchara un montón de veces, pidiendo que respeten los derechos de los presos y les den lo mínimo para vivir dignamente. Pero parece que por allá no escuchan mucho, o no quieren escuchar.

¿Y ahora qué se espera? ¿Esto tiene arreglo?

Lo que se espera, compadre, es que esto no siga empeorando. La gente quiere que a estos presos los traten como es debido, con comida, con medicinas y con respeto. Se está pidiendo a gritos que las cárceles cumplan con las normas, esas que hablan de humanidad.

Hay mucha preocupación por cómo van a quedar estos muchachos. Lo que está claro es que la situación está candente y hay que seguirle la pista de cerca. A ver si de tanto hablar, alguien se da por enterado y cambia esta historia de terror.