¿Cuba en Ruinas? Sacerdote Dice Que el Verdadero Desastre Está en los Corazones y Pide Perdón
Sacerdote Alberto Reyes advierte que Cuba, aunque en ruinas materiales, sufre un deterioro humano mayor. La reconstrucción exige perdón y sanación para superar décadas de heridas.
¿Qué pasó?
El sacerdote Alberto Reyes Pías ha lanzado una profunda reflexión sobre el estado de Cuba, calificándola como un "país en ruinas". Según su análisis, el deterioro más grave no es el material, sino el humano, marcado por décadas de divisiones y agravios.
Advierte que, si bien es indispensable un cambio de sistema político, este será inútil si la sociedad no se somete a un proceso de perdón y sanación interior.
¿Dónde y cuándo?
La reflexión, titulada «He estado pensando… (180)», fue publicada el sábado 24 de octubre de 2026. El diagnóstico abarca la situación general de la isla, tocando experiencias vividas a lo largo de muchos años de historia reciente.
Se enfoca en las heridas sociales acumuladas que afectan la convivencia familiar y comunitaria en Cuba.
¿Por qué importa?
La reconstrucción de Cuba va más allá de reparar edificios y carreteras; exige sanar los corazones para evitar que el resentimiento determine el futuro. Sin este perdón consciente, advierte Reyes Pías, se corre el riesgo de repetir los mismos errores.
El objetivo es liberar a las futuras generaciones del odio y asegurar un cambio genuino que trascienda las estructuras políticas e institucionales.
¿Qué dicen las partes?
El padre Alberto Reyes Pías expone que las familias cubanas se han herido mutuamente a través de agresiones, espionaje y delaciones. Señala que los hijos han sido enviados a guerras, obligados a un servicio militar abusivo, adoctrinados, hostigados por su fe, y que las voces disidentes han sido perseguidas y encarceladas.
Él mismo recoge el sentimiento de muchas personas, quienes sienten "rencores, rabias contenidas" y el deseo de "justicia" que, sin embargo, no debe confundirse con venganza.
¿Qué viene ahora?
El sacerdote propone una vía personal: hacer una lista de quienes han causado daño y, con serenidad, proceder al perdón individual. Este acto de perdonar, aclara, no implica olvidar ni justificar lo injustificable, sino negarse a que el rencor envenene el alma.
La verdadera reconstrucción, concluye, comienza cuando se deja de enfocar en el dolor y la rabia, y se busca activamente la liberación del resentimiento para construir un futuro donde los hijos no hereden las viejas heridas.