¿Y tú crees que se puede dormir así? Crónica de un cubano que no aguanta más

Un periodista oficialista en Cuba narra una noche de apagones, calor, basura e incendio, reflejando el agotamiento y la dura realidad que viven millones.

¡Oye esto pa’ que veas!

Tremenda crónica sacó el periódico Girón de Matanzas. Un periodista de esos que trabajan pa’l gobierno se fajó a contar una noche que ni pa’ dormir sirvió. ¡Imagínate tú! Apuñearse con los apagones, el calor que te derrite hasta el alma, la basura que apesta de a madre y, pa’ rematar, un fueguito que se arma en el vertedero. Vamos, que se sentía como si estuviera en guerra, o peor, como un peregrino buscando hasta la sopa y sin encontrarla, con la libra de carne a 800 pesos. ¡Qué lío!

¿Dónde fue el bochinche y cuándo pasó?

Todo este rollo se cuenta que pasó en Matanzas, una noche cualquiera pero de las malas. El calor apretaba, la luz se había ido, y el tipo estaba en su casa con la mujer, luchando con un ventilador que daba lo que le quedaba de batería. Al frente, la ventana abierta dejaba entrar los olores feos de un basurero que tenían al lado, ¡un perfume de Gucci de desperdicios!

¿Y a mí por qué me importa esto?

Porque lo que le pasó a este señor, que además es periodista y trabaja pa’l sistema, le pasa a millones en Cuba todos los días. Es la misma película de siempre: apagones eternos, la basura por los techos, el calor que te ahoga y uno que se queda sin fuerzas ni pa’ pensar. Si hasta un periodista se queja así, ¡imagina el resto! Esto te dice lo mal que están las cosas de verdad, en la calle, en la casa, en todos lados.

¿Qué dice el gobierno y qué dice la gente?

Bueno, aquí el que cuenta la historia es el periodista, que se queja de que no hay corriente, de que la batería del ventilador se acaba, y de la peste de la basura. Menciona a un vecino que sí tiene planta, mostrando que no todos están igual, unos sufren más que otros. Él no dice directamente que el gobierno es el culpable, pero con lo que cuenta, ¡se pinta solo! La gente normal, la que no tiene planta, pues a aguantar el calor y el mal olor, rezando pa’ que vuelva la luz y no se les queme la casa por un incendio en el basurero.

¿Y ahora qué? ¿Qué se espera?

Al final, el hombre se da cuenta de que, con el susto del incendio y todo el relajo, se le olvidó el sueño. Lo que queda claro es que la cosa no pinta bien. Seguirá la lucha con la corriente, el calor y la basura. Hay que ver si alguien se pone las pilas pa’ resolver estos problemas, porque así no se puede vivir. La gente está agotada, y parece que el cansancio es lo único que sobra.

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