¡Ay, mi madre! Multas no bajan precios en Cuba: Gobierno admite que va por mal camino

Autoridades cubanas admiten que multar a comerciantes no reduce precios, evidenciando el fracaso del control estatal en Sancti Spíritus.

¡Oye esto pa' que veas!

Parece que en Sancti Spíritus se dieron cuenta de que eso de poner multas a los que venden caro no es la solución mágica. La directora de Finanzas y Precios soltó la sopa: los castigos económicos no van a hacer que los precios bajen por arte de magia. ¡Vaya sorpresa!

Estaban metidos en un lío tratando de controlar los precios y las indisciplinas sociales, metiendo a fiscales, jueces y hasta al Minint, pero al final, lo que se ha visto es que el problema es más hondo que una simple multa.

¿Y dónde pasó este embrollo?

Todo este rollo se está cocinando en Sancti Spíritus, una provincia donde las autoridades se han dado a la tarea de revisar los bolsillos de todos, desde el bodeguero hasta el dueño del negocio privado. El calor aprieta y la tensión se siente en el aire, pero el dinero no rinde.

Esto viene ocurriendo en medio de un panorama económico bastante… digamos, complicado, donde conseguir mercancía es un dolor de cabeza y el peso cubano se desinfla más rápido que un globo pinchado.

¿Y a quién le cae esto encima?

Pues, a la gente del pueblo, ¡a quién más! Con salarios que cada día valen menos y los productos básicos por las nubes, la cosa se pone color de hormiga. Los negocios, entre costos y más costos, se ven obligados a subir los precios para no ahogarse.

La situación está que arde porque, aunque el gobierno quiera poner orden con inspecciones y papeleo, la realidad es que la oferta de lo que la gente necesita sigue siendo un espejismo.

¿Qué dicen unos y qué dicen otros?

Por un lado, las autoridades andan diciendo que hay que cumplir con las obligaciones, que hay que bajar los precios, y que las multas son para poner disciplina. Son los que mandan, ¿verdad?

Por el otro, los que venden, que son los que al final ponen el pecho, se las ven negras para conseguir los productos y tienen que vender a precios que reflejen esos gastos, aunque a la gente no le guste.

¿Y ahora qué?

Pues, parece que la cosa sigue en el aire. Las autoridades reconocen que el camino de las multas no ha dado resultado, pero tampoco se ve una solución clara en el horizonte. Hay que seguir de cerca a ver si aparece alguna idea nueva para que el bolsillo del cubano respire un poco.

Lo cierto es que, entre multas que no multan y precios que no bajan, la gente sigue haciendo malabares para llevar la comida a la mesa.