¿Se nos fue el que mandaba en los secretos? Muere Ramiro Valdés, el hombre fuerte del control cubano
Ramiro Valdés, figura clave del castrismo y arquitecto de su aparato de seguridad, murió a los 94 años. Su legado es controversial.
Oye esto pa' que veas... Se nos fue Ramiro Valdés Menéndez, uno de esos nombres que suenan fuerte cuando se habla de los que mandan de verdad en Cuba. El hombre este era de los viejos, de los que estaban ahí desde que Fidel le metió al Moncada y se fajó en la Sierra. Pues este domingo 21 de junio de 2026, a sus 94 años, se apagó su vela. Dicen que estaba un poco desaparecido de la vuelta últimamente, y eso ya se sabía, pero ahora es oficial: ¡ya no está con nosotros!
Dónde y cuándo
Este hombre, Ramiro Valdés, nació allá por Artemisa allá en 1932. Desde joven se metió en el lío de la Revolución, del asalto al Moncada en el 53, del Granma en el 56, y a darle duro en la Sierra Maestra contra Batista. Después del triunfo del 59, ¡zas!, pa' arriba que fue. Su nombre se pegó como chicle al Ministerio del Interior, el MININT, ¡imagínate tú! Esa es la policía secreta, la de controlar todo, la de que no se te escape nada. Y él, ¡ja!, fue de los jefes ahí por partida doble. Lo consideraban uno de los hombres más poderosos, el que tenía las llaves de la caja fuerte del régimen.
Por qué importa
Mira, Ramiro Valdés era como el arquitecto de la casa del miedo, ¿me entiendes? El que puso los ladrillos y el cemento para que el gobierno pudiera tener todo bajo control. Si tú querías saber quién era el que estaba detrás de la seguridad del Estado, de que no hubiera espías por ahí, ¡ese era él! Fue pieza clave para que el sistema de vigilancia funcionara y aguantara tanto tiempo. Incluso después de que Fidel se quitó de en medio, y con Raúl y Díaz-Canel al frente, él seguía siendo importante. La gente que no está de acuerdo con el gobierno lo recuerda como el que apretaba las tuercas, el de la represión. Un tipo que marcó la historia, pa' bien o pa' mal.
Qué dicen las partes
El gobierno, en su nota oficial, lo va a poner como un héroe de la Revolución, un leal hasta la médula al proyecto que empezaron en el 59. Lo van a recordar como uno de los grandes dirigentes, un hombre que dio su vida por la causa. Pero claro, por otro lado, los que están en contra, los opositores, los que viven fuera, ese montón de gente, lo ven de otra manera. Para ellos, Ramiro Valdés es sinónimo de represión, de perseguir a los que piensan distinto, de hacer fuerte el aparato de seguridad para callar a la gente. Así que, unos dirán que fue un prócer, otros que fue un represor. Doble cara tiene la moneda, como siempre.
Qué viene ahora
Con la muerte de Ramiro Valdés, se cierra una página, se va uno de los últimos de esa generación que fundó este sistema cubano. Ya quedan poquitos de los que estuvieron desde el principio metidos en todo. Su desaparición física significa que se va una pieza importante del rompecabezas del poder en Cuba. Habrá que ver cómo se mueve todo ahora, quién toma las riendas de esas cosas que él manejaba, o si simplemente su rol se diluye en el entramado del gobierno actual. Lo cierto es que su legado, polémico o no, se queda marcado en la historia de la Isla, y su figura seguirá dando de qué hablar, para bien o para mal, por mucho tiempo.