¿Qué pasó, mi socio? ¡Las motos corren más que el guagua en Cuba y la cosa se pone fea!

Carreras de motos en Cuba y exceso de velocidad causan accidentes mortales, agravados por mal estado de las vías y falta de medidas de seguridad.

¡Oye esto pa' que veas! Las motos se han apoderado de las calles cubanas y no es pa' menos. Pero parece que algunos se creen que están en un circuito de Fórmula 1, ¡y la cosa está que arde! Hay carreras improvisadas por todos lados, en autopistas, repartos, ¡hasta en antiguas pistas de aviación! Esto no solo es cosa de los que corren, sino que pone en peligro a cualquiera que esté cerca.

Y no es chisme, que ya hay reportes de accidentes mortales por culpa de esta locura. En Pinar del Río, por ejemplo, se han llevado el susto y la tragedia en el último mes. ¡Cuidado al volante, gente!

¿Dónde y cuándo se arma el bochinche?

El problema se ve en toda la isla, pero en Pinar del Río se está poniendo la cosa color de hormiga. Carreras en la Autopista, en calles de barrios, ¡donde les da la gana! El ambiente se caldea, se oyen los motores y la tensión se siente en el aire, sobre todo cuando la cosa se sale de control.

¿Y esto a quién le cae arriba?

¡A todos, mi hermano! El transporte público no da abasto y la moto se ha vuelto la salvación para muchos. Pero si seguimos así, con estas carreras y el exceso de velocidad, la vía pública se convierte en una trampa mortal. La gente que va normal, los que cruzan la calle, ¡todos están en peligro. Y los que van en moto, sin casco ni na', ¡más todavía!

¿Qué dicen las partes?

Pues mira, el periódico oficialista Guerrillero ya está alertando sobre el peligro. Se habla de accidentes y de que las calles no dan pa' tanto disparate. Por un lado, la necesidad de moverse y la moto como solución. Por otro, la irresponsabilidad que puede costar vidas. Y ojo, que las redes sociales también le dan alas a esto, mostrando competencias que parecen normalizar lo peligroso.

¿Y ahora qué? ¿Pa' dónde vamos?

Lo que está claro es que hay que ponerle freno a esto. Hay que mejorar las vías, poner más luces donde falta, y sobre todo, ¡educar y fiscalizar! No se trata de quitarle la libertad a nadie, sino de que todos podamos llegar sanos y salvos a donde vamos. Hay que buscar espacios seguros para los que les gusta la velocidad y no poner en riesgo al resto del mundo.