¿Gafas de 300 euros mientras se va la luz? El lujo de la 'no primera dama' que indigna a Cuba
Lis Cuesta, esposa de Díaz-Canel, genera polémica en Cuba al lucir gafas de lujo en TV mientras el país sufre escasez y apagones. El contraste desata indignación.
¡Oye esto pa' que veas!
Parece que mientras a uno se le va la luz y se mata buscando un pedazo de pollo, la gente de arriba vive en otro planeta. Ahora resulta que la esposa de nuestro presidente, Lis Cuesta, apareció en la televisión nacional con unas gafas que cuestan un dineral. ¡Casi 300 euros, señores! Eso es lo que se dice por ahí, en las redes y en la cola del pan.
Y uno aquí, con el sueldo que no da pa' ni un chicle, viendo semejante lujo en la pantalla. La cosa se puso caliente, y con razón. No es la primera vez que pasa, que se le ven cosas caras, ropa de marca, maquillajes de esos que uno ve en las revistas, y uno piensa: ¿De dónde sale tanta plata?
¿Y dónde pasó esta película?
Esto fue en la televisión cubana, en una de esas apariciones que hacen para que uno vea que todo está 'normal'. Y el momento, pues justo ahora, cuando uno no encuentra ni pa' poner la olla a hervir y los apagones son el pan de cada día. La gente lo vio, lo comentó, y la indignación corrió más rápido que un carro por el Malecón.
Ahí estaba ella, con sus gafas relucientes, mientras la gente piensa en cómo resolver la cena o si va a tener corriente pa' ver un rato la novela. Un contraste que duele, que molesta, que hace pensar si de verdad viven lo mismo que nosotros.
¿Y a mí qué me importa esto?
¡A ti te importa porque es tu dinero, el sudor de tu frente, lo que se supone que se usa para el pueblo! Cuando uno ve esos lujos, mientras los hospitales no tienen ni gasas y las escuelas se caen a pedazos, uno se pregunta para dónde va el esfuerzo de todos.
No es solo por las gafas, es por el mensaje que mandan. Es como decir: 'Ustedes pasen trabajo, que yo aquí me doy la vida'. Y eso, mi hermano, a nadie le gusta. La gente quiere sentir que quien los gobierna está en la misma lucha, no en una burbuja de euros y marcas.
¿Y qué dicen los implicados?
Bueno, oficialmente, de parte del gobierno, silencio. Pero en las redes, la gente no se calla. Unos dicen que esas cosas las regalan, otros que es dinero de viajes, otros que no es pa' tanto. Y por otro lado, está el hijo de ella, que se supone que trabaja en Madrid, viviendo la vida padre mientras aquí nos rompemos el lomo.
Unos defienden diciendo que hay que cuidar la imagen, que eso es normal. Otros, la mayoría, están que trinan, porque el contraste es demasiado grande. Dicen que un bolso, unas gafas, un vestido, todo eso suma y se ve mal cuando el país está patas arriba.
¿Y ahora qué, amigo?
Ahora, mi gente, lo que queda es seguir de cerca. Seguir viendo qué más se les ocurre mostrar, y cómo responde el pueblo. Porque la gente está clara. Las redes siguen echando humo, y la pregunta en boca de todos es: ¿De verdad es este el momento para lucirse así?
Lo que sí está claro es que la indignación sigue ahí, latente. Y cada vez que aparezca algo así, la cosa se va a poner color de hormiga. Hay que ver si esto cambia algo, o si seguiremos viendo el lujo mientras la gente hace malabares para sobrevivir.