¿'La Revolución es Inmensa' mientras Camagüey se ahoga en apagones y crisis?
Mientras Camagüey sufre apagones de 25 horas y crisis, un líder del Partido dice que 'la revolución es inmensa', evidenciando la desconexión oficial.
¡Oye esto pa' que veas!
En Camagüey, la cosa está color de hormiga: apagones que se pegan hasta por 25 horas, el agua que no llega potable ni a la esquina, y la plata que no alcanza pa' nada. Pero ¡zas!, el primer secretario del Partido, Yoandris Ruiz Villalón, se sube a la tarima por el 26 de Julio y suelta que "la obra no es perfecta, pero la revolución es inmensa". ¡Imagínate tú!
Claro, él lo dijo en un acto, con el micrófono en la mano, defendiendo a capa y espada la gestión del gobierno, como si estuviera echando un cuento distinto al que se vive en la calle.
¿Dónde y cuándo pasó esta vaina?
Esto fue en Camagüey, en un acto provincial por el 73 aniversario de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. El discurso del dirigente se escuchó por la televisión estatal, justo cuando la gente de la provincia está que no cabe en su pellejo por la crisis.
El hombre no se quedó quieto y hasta se puso bravo con el "gobierno norteamericano", diciendo que aquí nadie se arrodilla. Pero mientras él hablaba de firmeza, la gente contaba las horas sin luz y se preocupaba por cómo hervir el agua sin combustible.
¿Y a mí por qué me importa esta historia?
Bueno, porque mientras unos hablan de revolución inmensa, a otros se les apaga la vida con los apagones. La provincia de Camagüey está sufriendo de lo lindo con la crisis eléctrica, y eso no es enchufa'o. Los hospitales, las escuelas, hasta las bombas de agua están paradas.
Además, el agua que llega no es segura y te dicen que la hiervas. ¿Y cómo haces eso si no tienes luz pa' cocinar ni combustible pa' prender la candela? Es un círculo vicioso que ahoga a la gente en el día a día.
¿Qué dicen los que están en el ajo?
Por un lado, tienes al dirigente del Partido defendiendo a machete la obra de la Revolución, echando mano de las consignas de siempre y culpando al embargo. Dice que los derechos se respetan y que la voluntad revolucionaria puede con todo.
Por otro lado, la gente de a pie, la que está en la cola del pollo, la que se mira en el espejo y no se reconoce con tantas dificultades, siente que el discurso oficial no cuadra con la realidad. Las autoridades sanitarias hasta recomiendan hervir el agua, una medida que suena a broma cuando la electricidad brilla por su ausencia.
¿Y ahora qué? ¿Pa' dónde vamos?
Pues mira, el panorama no pinta bonito. Cuba sigue enredada en su propia crisis: apagones constantes, falta de comida, de medicinas, de combustible. El discurso oficial sigue insistiendo en los logros y culpando al Tío Sam, pero la vida de millones de cubanos sigue cuesta arriba.
Habrá que ver si los mensajes de optimismo que salen desde las altas esferas del Partido logran cambiar algo en la calle, o si la gente seguirá contando las horas sin luz y con el bolsillo vacío, mientras escuchan hablar de una revolución inmensa que parece muy lejana.