¡Ja Rulay Arma un Bochinche de Lujo que Nadie Paga!

El concierto de Ja Rulay en Santiago causa revuelo por sus precios de lujo, contrastando fuertemente con la realidad económica de la población y exponiendo la desigualdad.

Qué pasó

Arranca la cosa que ni te lo vas a creer. Un alboroto de los grandes se ha armado en Santiago de Cuba por un concierto del reguetonero Ja Rulay. El muchacho llega a tocar y la gente, en vez de bailadera, lo que tiene es la boca abierta.

Es que los precios para entrar a verlo están de infarto, haciendo que más de uno se pregunte si estamos viviendo en la misma Cuba. ¡Un solo show ha puesto a temblar los bolsillos y las lenguas de la gente!

Dónde y cuándo

Esto que te cuento no es cuento de camino, no. Va a ser el 28 de febrero de 2026, si la cosa no cambia, en un lugar que se llama "Insomnio". Está ahí mismo, en Trocha y Cristina, un centro nocturno privado en la mismísima Santiago.

La cosa es que no estamos hablando de un concierto en el malecón gratis, mi gente. Es en un lugar privado y con unos números que hasta el más pintado se tira para atrás.

Por qué importa

¿Y por qué todo este bochinche? Mira, el cubano de a pie está sufriendo con la escasez, con el dinero que no da para nada y con la cola del banco para sacar cuatro pesos. Entonces, de repente, ¡zas!, te meten un concierto con precios que son el salario de un mes entero, o más.

Esto no es solo por Ja Rulay, no. Es la foto de cómo la gente que tiene billete vive en otro planeta, mientras la mayoría suda la gota gorda para poner el plato en la mesa. La brecha se está haciendo un abismo, y este concierto lo ha puesto bien claro.

Qué dicen las partes

Por un lado, la gente que organiza el evento dice que cada cual pone el precio que le da la gana, que es su negocio y la oferta y la demanda, ¿sabes? Que si quieres lujos, pues pagas los lujos.

Pero la otra mitad, la del pueblo, se lamenta y dice que cómo es posible que unos gasten miles de pesos en una noche mientras otros no tienen ni para el pasaje. Unos defienden el derecho de cobrar, otros claman por la desigualdad que se ve a leguas.

Qué viene ahora

Ahora, lo que viene es que la música sonará y unos pocos la disfrutarán dentro, con sus tragos y sus mesas reservadas. Pero la mayoría, seguramente, se quedará afuera, escuchando desde la esquina o comentando la jugada.

Este concierto ha sido como un espejo, y lo que se ve en él no es solo baile. Se ve la discusión sobre la vida cara, la desigualdad y cómo se reparte la poca diversión que hay. Así que toca seguir viendo cómo el dinero sigue marcando las pautas en nuestra isla.

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