¡Felito Lahera se desahoga! El exilio le roba la libertad y la patria, pero no su cubanía

Actor Felito Lahera revela el dolor del exilio en Miami, sintiendo su libertad incompleta y extrañando profundamente su tierra y familia, aunque reafirma su identidad cubana.

¡Oye esto pa’ que veas!

El famoso actor cubano Rafael "Felito" Lahera ha soltado la sopa, y no es poca cosa. Desde Miami, el hombre ha confesado que eso de vivir fuera de la Isla le ha partido el alma, aunque le haya abierto puertas en la actuación. Dice que su libertad, mira, está a medias tintas mientras no pueda volver a su Cuba a decir lo que le da la gana, sin pelos en la lengua ni miedos.

Se siente como un preso con ciertos privilegios, un desterrado que, por más que ande suelto por ahí, no es del todo libre. La cosa es seria, porque extrañar a la familia y a la tierrita donde uno nació es un dolor que no se quita con nada.

¿Dónde y cuándo se cocinó este cuento?

Este lamento se escuchó en Miami, en una entrevista que le hizo la actriz María Karla Rivero en su programa "La casa de Maka". Ahí fue donde Felito se abrió de capa, recordando cómo salió de Cuba pensando que era un viaje temporal, pero las oportunidades que le salieron allá lo hicieron quedarse, primero en Colombia y luego en esta Florida que ahora es su hogar profesional.

El artista se lamenta de que tantos compatriotas estén regados por el mundo, lejos de sus raíces. "Yo no sé dónde está la tumba de mi mamá", dijo con el pecho apretado, un detalle que te hiela la sangre y te hace pensar en lo que significa estar lejos de lo tuyo.

¿Y a quién le cae esta bomba?

Pues a todos los cubanos que han tenido que dejar su patria, a los que sienten ese vacío que no se llena. Felito está hablando por muchos que callan. El mensaje es claro: estar lejos de casa, de los ancestros, de los amigos, es un daño que va más allá de lo material. No es que te quiten una casa o un carro, es que te desarraigan.

La cosa duele porque, como él mismo dice, le quitaron el barrio, los amigos, todo eso que conforma tu vida y tu identidad. Pero ojo, hay algo que nadie le puede tocar.

¿Qué dicen unos y otros?

Por un lado, está la realidad de Felito en Miami, donde ha podido seguir brillando en su carrera actoral. Las oportunidades laborales son un hecho, y eso le ha permitido desarrollarse profesionalmente. Es la parte donde la vida le sonríe, al menos en lo artístico.

Pero por el otro lado, está el clamor por la libertad de expresión y movimiento en su país natal. La "libertad incompleta" que siente es la de no poder ir y venir, de no poder decir lo que piensa sin temor a represalias. Es el tira y afloja entre el éxito profesional y el anhelo de patria.

¿Y ahora qué? ¿Qué se espera?

Lo que queda en el aire es ese sentimiento agridulce del exilio. Felito reafirma su cubanía, ese orgullo de ser de la Isla que nadie le puede quitar, pase lo que pase. "Me lo pueden quitar todo. Pero soy de ahí", sentencia, dejando claro que la identidad es lo último que se pierde.

La esperanza, aunque sea lejana, de poder regresar algún día y sentir esa libertad completa, esa que le permita ser él mismo en su tierra, es lo que sigue moviendo a muchos. Mientras tanto, la historia de Felito es un recordatorio de que el corazón siempre tiene un pedazo en el lugar donde nació, sin importar cuántos kilómetros o tormentas haya en medio.