¿¡Qué Bochinche es Este!? Muere un Gigante del Vudú en Santiago de Cuba

Santiago de Cuba de luto: fallece Pablo Milanés, influyente houngan y guardián de tradiciones haitianas, a los 91 años. Un legado cultural y espiritual se despide.

¡Oye esto pa' que veas!

La gente de Santiago de Cuba está de capa caída, porque se nos fue uno bueno. Falleció Pablo Milanés, un hombre que no era cualquiera, ¡era un houngan de peso, de los que saben, un verdadero guardián de las tradiciones de Haití aquí en la isla!

Se nos fue a los 91 años, y la noticia corrió como pólvora, dejando un vacío que se siente en las calles y en las casas donde se respeta la cultura de verdad.

¿Y eso dónde fue y cuándo?

Todo pasó allá en la tierra del son, Santiago de Cuba, allá donde el calor aprieta y la historia se cuenta de otra manera. Se fue hace poco, el domingo 29 de marzo de 2026, y el adiós se sintió en cada rincón, desde los medios oficiales hasta el comentarista de la guagua.

La gente que lo conoció dice que su casa en Pilón del Cauto era un sitio que no se podía ignorar, un punto de encuentro de lo sagrado y lo terrenal, donde su palabra guiaba y su presencia era una fuerza.

¿Y a mí por qué me importa esto?

Mira, este hombre era más que un líder espiritual, era un pedazo de historia viva. Él se encargó de que las raíces haitianas que llegaron a Cuba no se perdieran en el tiempo.

Su trabajo ayudó a mantener vivo ese puente entre Haití y Cuba, y fue clave en cosas como los famosos Festivales del Caribe, ¡donde la cultura de verdad se pone en primera fila!

¿Qué dicen por ahí las partes?

Por un lado, los medios como Tele Turquino y la Casa del Caribe han dado la noticia, reconociendo su importancia y el dolor de su partida. Se habla mucho de su legado como un defensor de la diversidad y un hombre que supo tender puentes entre culturas.

La gente del pueblo, los creyentes, sus familiares y seguidores están expresando sus condolencias, destacando que su vida fue un testimonio de la riqueza que tenemos en Cuba gracias a esa mezcla de pueblos.

Y ahora, ¿qué viene?

Pues mira, se nos fue el hombre, pero nos dejó la herencia. Su obra no se queda en el aire; las tradiciones que él cuidó con tanto esmero van a seguir vivas en las prácticas y en las creencias de la gente.

Su partida deja un hueco, sí, pero también una semilla que seguirá floreciendo, recordándonos de dónde venimos y la riqueza de nuestra cultura mestiza.

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