¡Se Apagó la Jarra! Muere Juan Bravo, Catcher de Industriales, de Infarto en La Habana
El ex receptor de Industriales, Juan Bravo Prescot, falleció a los 63 años en La Habana de un infarto. Residía en Miami y estaba de visita en Cuba.
¡Qué Batacazo se dio el Béisbol!
Oye, que nos llegó una noticia que nos dejó helados, como un frío de enero en La Habana Vieja. El bueno de Juan Bravo Prescot, ese receptor que le paraba el tráfico a cualquiera en el home, ¡nos dejó! A sus 63 años, dicen que un infarto se lo llevó en plena capital, mientras estaba de visita desde Miami, donde vivía.
El asunto ha caído como un jarro de agua fría en el mundillo del béisbol cubano, y no es para menos. Bravo era un nombre que sonaba fuerte en las Series Nacionales de los 80 y 90.
Apareció en La Habana, pero se nos fue
Imagínate la escena: el hombre, que ya residía en Miami, decide venir a su tierra, a su Cuba, a darse una vuelta. Y justo aquí, en La Habana, cuando menos se lo esperaba, la cosa se pone fea. Un infarto, dicen, y se acabó. El hombre tenía 63 años, una edad en la que uno piensa que todavía queda mucho juego por delante.
Nacido en San Francisco de Paula, Bravo se hizo un nombre como cátcher. Se le recordaba por ser un tipo disciplinado, con una defensa a prueba de balas y que siempre daba el extra en el terreno.
La Jarra Jugó Campeón 17 Años
¡Diecisiete temporadas! Eso no se ve todos los días. Juan Bravo se la jugó entera en la Serie Nacional, defendiendo el uniforme de Industriales, que esa es otra cosa. Pero también le dio una mano a Metropolitanos y a la Isla de la Juventud. ¡Un trotamundos del diamante!
Y no era solo defensa. El tipo bateaba, y bateaba bien. Promedio de .272, 700 hits, 67 dobles, 17 jonrones y 260 carreras remolcadas. ¡Eso es producir, señores!
Se retiró en la temporada 1995-1996, pero parece que el béisbol no lo soltaba, y él a él tampoco. Se metió de lleno a entrenador, a pulir a los jóvenes talentos que venían subiendo, primero en su barrio y luego con equipos de La Habana. ¡Compartiendo la experiencia!
De Cuba a Miami, y de vuelta al terreno
En 2016, como tantos, se fue para Estados Unidos, a Miami. Pero ni de allá se desconectó. ¡Siguió de entrenador, esta vez con niños y jóvenes, enseñando los secretos de catcher! Decían que nunca dejó el terreno, que siempre estaba ahí, transmitiendo su sabiduría.
Su partida ha puesto a todos a mandar mensajes de condolencia. Compañeros, fanáticos, gente del béisbol... todos lo recuerdan como un tipo serio en el juego, un buen amigo y alguien que de verdad quería ver crecer el deporte, tanto dentro como fuera de Cuba.
El Legado Sigue Sonando
En las redes sociales, la gente no para de subir mensajes, de reconocerle todo lo que aportó. Un legado deportivo y humano que se queda con nosotros. Una pena grande, de verdad.