¿Se le cayó el techo encima a los chiquitos? Escuela en El Vedado con susto mayor
Un fragmento de techo se desprendió en una escuela del Vedado, hiriendo a dos niños. El incidente reaviva preocupaciones sobre el estado de las infraestructuras educativas.
¡Oye esto pa' que veas!
Imagínate la escena: un jueves por la mañana cualquiera en la Primaria Carlos Hernández Fernández, allí en Calzada y H, El Vedado. De repente, ¡zas!, un pedazo del techo de un aula de sexto grado se vino abajo. Cayó justo encima de los pupitres, y para rematarla, ¡le dio a dos muchachos!
Según contó Adelth Bonne, uno de los chiquitos se llevó una herida que necesitó sus buenos puntos de sutura. El otro, pues, unos cuantos golpes que no pasaron a mayores. Lo importante es que los atendieron al toque y ahora mismo están fuera de peligro. Pero el susto, ese se quedó flotando en el aire, y la preocupación de los padres, ¡se disparó por el techo!
El drama en Calzada y H
Todo pasó en pleno horario de clases. Imagínate el polvero, el susto de los maestros, el llanto de los niños. Un pedazo del techo, sin avisar ni pío, decidió que ya no quería estar más arriba. El concreto y el polvo volaron por el aula. Menos mal que la gente de la escuela reaccionó rápido, si no, quién sabe dónde hubiera llegado la cosa. Un familiar, con la cara desencajada, soltaba: “¡Esto pudo ser fatal!”
La cosa viene de atrás
Este rollo vuelve a poner el foco en cómo están las escuelas por acá. Muchas son viejitas, construidas hace años, y el mantenimiento… bueno, digamos que no ha sido su fuerte. Humedad que se filtra, grietas que asustan, estructuras que parecen que van a tirar la toalla. Los padres y los maestros llevan tiempo pegando el grito al cielo con esto.
Los que saben de construcción, esos que uno consulta por fuera, dicen que la combinación de materiales viejos, el agua que no para y las reparaciones que nunca llegan a ser completas, es la receta perfecta para que los techos y las paredes decidan dar un paseo inesperado. No pasa en todas partes, pero es un problema que se acumula, se acumula y se acumula.
Unos dicen esto, otros aquello…
Los padres, lógicamente, están pidiendo a gritos que hagan inspecciones de verdad, de las serias, y que se pongan a reparar las cosas de una vez. Una mamá, con la voz quebrada, decía: “¡No podemos esperar a que pase una tragedia para mover un dedo!”. Por ahora, las autoridades de la escuela no han soltado mucha prenda sobre qué causó el desprendimiento ni qué van a hacer para que no se repita. Pero la gente está esperando respuestas, ¡y de las claras!
Y ahora, ¿qué?
Los nenes se están recuperando, eso es lo bueno. Pero este lío deja una advertencia clara: la seguridad de los chiquitos en las aulas no se puede patear pa’lante. Hay que seguir de cerca qué van a hacer las autoridades, si van a meter mano seria en la escuela y en otras que anden por las mismas. La tranquilidad de los padres y la seguridad de los estudiantes dependen de que esto no quede solo en un susto.