¡Se lo tragó la tierra! Buscan desesperadamente a joyero cubano de 21 años desaparecido en La Habana

Un joven joyero de 21 años, Mario Ariel Beceiro Hernández, desapareció en La Habana a finales de mayo. Su motocicleta fue encontrada abandonada.

¡Qué lío en La Habana! ¡Nadie sabe dónde está el muchacho!

Oye esto pa' que veas lo que está pasando en la capital. Un muchacho, Mario Ariel Beceiro Hernández, de solo 21 años y que le metía mano a la joyería, ¡se esfumó! La gente está que no duerme buscándolo desde finales de mayo.

Sus parientes y hasta los panas andan como locos, pegando fotos y preguntando por todos lados. El chisme es que el chamaquito salió de su casa un lunes o martes, ¡y de ahí pa'lante, nada de nada!

¿Dónde fue la cosa y cuándo se perdió el rastro?

El cuento es que Mario Ariel, al que le dicen “Tito” en la familia, salió de su casa entre el 25 y 26 de mayo. Se dice que se fue con su celular puesto y montado en su moto, esa que ahora preocupa a todos.

La última vez que alguien lo vio fue por allá por La Lisa. Después de eso, la moto apareció sola, abandonada en Los Pocitos, un barrio de Marianao. ¡Imagínate el susto de la familia al ver la moto sin el dueño!

¿Y esto a quién le cae arriba? ¿Por qué tanto revuelo?

Bueno, esto importa porque es un joven, un trabajador, alguien de la casa. La desaparición de un chamaquito así, y más cuando aparecen sus cosas solas, es algo que a uno le da mala espina.

La gente en la calle anda comentando, preocupada por el futuro de este muchacho y por la seguridad. Es normal que se forme este bochinche cuando un vecino, un hijo, un amigo, desaparece sin más.

¿Qué dicen unos y qué dicen otros?

Por ahora, el cuento oficial no se sabe. La familia y los amigos son los que están soltando la sopa en las redes, pidiendo ayuda y contando lo poco que saben.

Unos rumorean que pudo pasarle algo en la carretera, otros que quizás se metió en algún lío. Pero hasta que no aparezca o den alguna pista clara, todo es especulación. Las autoridades, hasta donde se sabe, no han dicho nada concreto.

¿Y ahora qué? ¿Qué se espera pa’lante?

Pues lo que se espera es que aparezca sano y salvo, ¡que es lo que todos quieren! La familia está en un sinvivir, esperando una llamada, un dato, algo que les diga dónde está Tito.

Habrá que seguir pegados a las redes y a los que anden investigando, a ver si pronto se aclara este misterio y este joven joyero puede volver a su casa, con su familia y su trabajo.

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