¿Qué pasó, Cuba? La Hepatitis y el Dengue se están comiendo la isla a mordiscos.
Cuba enfrenta brotes de hepatitis, dengue, cólera y chikunguña, agravados por la crisis sanitaria, falta de agua potable, recolección de basura deficiente y escasez de recursos.
Qué pasó
¡Oye esto pa’ que veas! La cosa en Cuba está que arde, pero no precisamente por calor bueno. Parece que la hepatitis A se desató en Matanzas, y no solo eso, que el dengue, el cólera y el chikunguña andan correteando por ahí también. Las autoridades dicen que son casos aislados, pero la gente y hasta los médicos de a pie andan con el alma en vilo, porque esto parece más grande de lo que cuentan.
Imagínate, la hepatitis A, esa que se pega si el agua o la comida no están bien, está apareciendo en sitios como Versalles y cerca del río Yumurí. Y en Cárdenas tampoco cantan bien. Esto huele a que las cosas de higiene y limpieza andan fatal.
Dónde y cuándo
El problema se siente fuerte en la provincia de Matanzas, sobre todo en Versalles y las cercanías del río Yumurí, además del municipio de Cárdenas. Pero ojo, que esto no se queda ahí. En Holguín, Santiago de Cuba y Ciego de Ávila también hay un trabajón con investigaciones por hepatitis y otras pestes. La cosa es que por todos lados falta combustible para recoger la basura, y la acumulación de desechos se ha vuelto un paisaje habitual en las ciudades.
El calor, la falta de agua que llega cuando le da la gana, y la basura acumulada por semanas son el caldo de cultivo perfecto para que estos bichos se reproduzcan. La gente se queja de que ni para clorar el agua o hervirla tienen con los apagones y la falta de gas.
Por qué importa
Esto es más que un simple brote, es el reflejo de que la salud en Cuba está pasando por un mal momento. Los hospitales no tienen ni para empezar, les faltan medicinas y los servicios básicos como el agua y la recogida de basura están cayéndose a pedazos. El alcantarillado está viejo, el agua llega a cuenta gotas y el mantenimiento de las calles ni se diga. Esto significa que las enfermedades infecciosas tienen vía libre para pegarse.
Para la gente de a pie, esto se traduce en más preocupación, más gastos en medicinas que no aparecen y más días de enfermedad sin poder trabajar. Es un retroceso en las condiciones sanitarias que antes se daban por sentadas y ahora son un lujo.
Qué dicen las partes
Las autoridades sanitarias, aunque admiten los casos, tienden a calificarlos como “aislados”, intentando bajarle el perfil al asunto. Recomiendan medidas básicas como hervir o clorar el agua y reforzar la higiene. Sin embargo, para el ciudadano común, estas recomendaciones suenan a discurso vacío cuando la realidad es que no hay cómo llevarlas a cabo por la escasez de recursos y las fallas en los servicios básicos.
Por otro lado, los testimonios de los residentes y el personal médico dibujan un cuadro mucho más sombrío, hablando de una situación extendida y de las dificultades diarias para mantener un mínimo de salubridad. La falta de combustible, de medicamentos y de materiales básicos deja a los trabajadores de la salud en una posición muy difícil para controlar estos brotes.
Qué viene ahora
Lo que se ve venir es que si no se toman medidas serias y rápidas, la situación puede empeorar. La combinación de un sistema de salud debilitado, infraestructura deteriorada y brotes activos es una bomba de tiempo. Habrá que estar muy atentos a cómo se maneja esta crisis en las próximas semanas y meses, y si las autoridades logran darle un giro a esta espiral descendente en las condiciones sanitarias.
Por ahora, lo que está claro es que la población queda expuesta a enfermedades que deberían estar controladas. La atención debe estar puesta en la solución de los problemas de fondo: agua, basura y recursos para la salud, de lo contrario, estos brotes serán solo el principio de problemas mayores.