¡Ay, mi madre! Nueva York bajo un manto blanco y el frío que no se quita
Una nevada histórica dejó a Nueva York bajo un manto de nieve y un frío que pela. La ciudad paralizada por vuelos cancelados, escuelas cerradas y calles intransitables. ¡Y dicen que viene más!
Qué pasó
Oye esto pa’ que veas, que la gente en Nueva York anda que no cree en nadie. De un golpe, la ciudad que nunca duerme se quedó en un sueño profundo, pero de esos fríos, fríos de verdad.
Una nevada de las que hacen historia les cayó encima y los dejó con la boca abierta. Las calles, antes llenas de carro y guagua, ahora eran pistas de hielo cubiertas de una nieve que parecía no tener fin.
Imagínate el bochinche, el corre y corre, la gente sin saber qué hacer. Los que tenían que ir al trabajo, ¡olvídate! Y los niños en casa, pero no de fiesta, sino con un frío que se les metía hasta en los huesos.
Esto no fue una llovizna, mi gente, esto fue la Madre de todas las nevadas, dejando a la Gran Manzana convertida en un merengue gigante, pero helado.
Dónde y cuándo
Este tremendo lío se formó allá mismo, en Nueva York, desde Queens hasta Manhattan, y no fue un día cualquiera. Fue un martes de febrero del 2026, y la cosa pintaba fea desde la madrugada.
La nieve caía sin piedad, y en algunos lugares, como si la hubieran regado con una pala, se acumularon entre ocho y doce pulgadas. ¡Una barbaridad!
No solo la ciudad, no, que en otras partes del estado de Nueva York la cosa fue peor, con más nieve aún. Y el frío, ay, el frío… Temperaturas por debajo de los quince grados Fahrenheit, que para nosotros los cubanos es como vivir en el polo.
Con un viento que te cortaba la cara, la sensación térmica era para llorar. La ciudad se puso blanca, silenciosa, y hasta la gente andaba con un tiritón que le llegaba al alma.
Por qué importa
Y tú dirás, ¿a mí qué me importa la nieve en Nueva York? Pues mira, esto es un revolico que le cae encima a miles de personas. La ciudad, que es un hormiguero de gente trabajadora, se paró en seco.
Piensa en todos los cubanos que viven allá, que madrugan para su brete, ¿cómo llegaron? Si los aviones no salían de JFK ni de LaGuardia, y los trenes iban más lentos que una tortuga coja.
Esto cambia el día a día, la economía del barrio, el dinerito que entra en la casa. Los negocitos de comida, las bodegas, todo cerrado.
Es un palo para el bolsillo de muchos, y para la cabeza de otros que se ven atrapados sin poder moverse. Cuando Nueva York estornuda, el mundo siente el catarro, y esta vez, el catarro fue de los grandes, de esos que te tumban en cama.
Qué dicen las partes
Las autoridades, como siempre, salieron con su rollo de que hay que tener cuidado, que no salgan si no es necesario. Dicen que los equipos de limpieza están fajados, pero que la nevada es tanta que no dan abasto.
Es como querer tapar el sol con un dedo, la verdad. La gente, por su parte, ¡está en candela! Unos maldiciendo la suerte por no poder ir al trabajo, otros contentos por no tener que madrugar.
Los meteorólogos, esos que siempre dicen la verdad después que pasa el tren, ya están avisando: ¡prepárense, que vienen más tormentas! Como si una no fuera suficiente para el dolor de cabeza.
Unos dicen que hay que aguantar, otros que esto es el fin del mundo.
Qué viene ahora
Ahora, mi gente, lo que viene es más de lo mismo, según los que saben de estas cosas. Se esperan al menos dos tormentas más, ¡sí, dos más! Así que el frío intenso no se va a ir de vacaciones tan pronto.
Las temperaturas van a seguir por debajo de cero, y no es descartable que siga cayendo nieve a ratos. Es decir, que el invierno se puso bravo y no tiene intenciones de aflojar.
La recomendación es la misma: no andes por gusto, abastece la casa con lo que haga falta y mantente pegado a la radio o a la tele para ver qué dicen.
Nueva York está en modo de resistencia, esperando que este tren de hielo y nieve pase de una vez. Hay que seguir con ojo avizor, porque el chismecito de la esquina es que esto es solo el comienzo del verdadero frío.