¡Ay, mi Habana! ¿Nos van a fumigar con la misma basura? ¡Ferrera lo soltó!
La Habana se ahoga en un mar de basura y humo. El humorista Rigoberto Ferrera no se calla, denunciando el desastre ambiental que asfixia la ciudad y enferma a la gente.
¡Qué bochinche se armó en La Habana!
¡Atención, mi gente! La Habana se nos ahoga. No es chisme, es la pura verdad: humo, basura y abandono. La capital se está volviendo un vertedero al aire libre, ¡con un tufo que te tumba!
El humorista Rigoberto Ferrera no se calla. En redes, denuncia lo que miles sufren. Él avisó: "¡Ya no se puede respirar!", y no exagera. Es la realidad que nos asfixia.
El rollo de dónde y cuándo
Esto no es de un solo lugar, ¡qué va! Es un desastre por toda la ciudad. Pilas de desechos se quedan ahí por días, hasta semanas. ¿La "solución"? ¡Fuego!
El resultado es humo tóxico, cenizas y un olor penetrante en casas, escuelas y hospitales. Ferrera mostró fotos terribles cerca de edificios, paradas y centros médicos. Barrios como Centro Habana, Diez de Octubre y El Cerro están hartos. ¡Niños jugando junto a la inmundicia, es una barbaridad!
¿Por qué nos pica tanto esta peste?
Esta porquería no es juego, nos mata la salud. Quemar basura, como dice Ferrera, no arregla nada, ¡lo empeora! Ese humo daña los pulmones, sobre todo a niños y abuelos.
Los asmáticos viven un calvario. Y la recogida de basura, ¡ausente! Es un relajo que ya tiene raíces profundas, un problema sin resolver.
Lo que se comenta por ahí
Ferrera le puso micrófono al pueblo. Él dice lo que se grita y lo que se comenta en la cola. Su denuncia es la voz de miles que ya no saben cómo protestar.
Sus seguidores lo apoyan. Comparten fotos de sus barrios y exigen orden. La bronca es de todos. Los de arriba callan, pero su silencio y la repetición del problema ya hablan. Parece que a algunos no les importa que La Habana se pudra.
¿Y ahora qué nos depara el destino?
El trabajo de Ferrera es más que un chiste, es valentía. Usa su plataforma para que la indignación se escuche y la presión llegue. No solo nos hace reír, sino que nos obliga a mirar lo que muchos quieren esconder.
Cuando el aire es irrespirable, el silencio asfixia. Ferrera, con su humor y firmeza, no se calla. Hay que seguir atentos a este arroz con mango, a ver si alguien le pone coto.